La impotencia de la izquierda europea
SAMI NAÏR 17/07/2010
La crisis actual muestra no solo el carácter despiadado del capitalismo liberal y financiero -despiadado en el sentido de que lo único que le importa es sacar el máximo beneficio en detrimento del derecho y de la vida de millones de seres humanos explotados, excluidos y humillados por el desempleo-, sino también la dramática impotencia de las fuerzas progresistas y, muy en particular, de la izquierda europea para ofrecer una alternativa creíble frente a los errores de este sistema.
Si tomamos solo el caso de Europa, nos encontramos ante una situación que desafía a la imaginación. Por un lado, se ha atajado la crisis financiera (parcialmente, es cierto) gracias a las cuantiosas ayudas que los Estados europeos han aportado a las instituciones bancarias, y sin que estas estuvieran realmente obligadas a revelar el estado de sus activos y la naturaleza de los productos derivados. En cambio, la Comisión de Bruselas, después de haber actuado con pasividad en la crisis financiera, ha recuperado su papel de guardiana del dogma ultra liberal esgrimiendo las exigencias del Pacto de Estabilidad, que impone a los Estados unas reducciones drásticas de los déficits públicos. Lo cual significa que los impuestos de los ciudadanos deben servir no solo para financiar los bancos, sino también para salvar a los Estados de las amenazas de Bruselas.
Durante este tiempo, Grecia se ha desmoronado y España, Irlanda y Portugal se encuentran en una dramática situación en cuanto a la deuda y a las finanzas públicas. Pero una vez más son los ciudadanos quienes deben pagar el grueso de la factura. Se reducirán sus derechos sociales siempre en función de un único parámetro: disminuir las rentas de trabajo para mantener las de capital. Es la filosofía política que predomina en todos los partidos conservadores, a la cabeza de los cuales está la Alemania de la señora Merkel. Filosofía que ahora se ha impuesto brutalmente a los tres Gobiernos socialdemócratas del sur de Europa (España, Portugal, Grecia). Y, teniendo en cuenta la relación de fuerzas en Europa, estos últimos no pueden sino someterse a estos mandamientos, cuando no son ellos mismos partidarios.
Pero lo más grave es ver cómo se extiende la impotencia de la izquierda europea. Podíamos haber esperado, por ejemplo, una iniciativa común de los sindicatos europeos, una acción coordinada, aunque hubiera sido simbólica, para reafirmar la solidaridad de condición de los asalariados y desempleados ante las duras restricciones que padecen. Pero nada. Podíamos haber esperado que los intelectuales de izquierda se lanzaran a la batalla. Pero nada. Impera el silencio. Es el grado cero de la izquierda política e intelectual europea.
Y, sin embargo, la crisis es la gran oportunidad para reafirmar esta solidaridad, ya que el capitalismo financiero acaba de demostrar una vez más que no tiene patria, sino solo intereses, que son los de las grandes empresas multinacionales. Enfrente tiene a ciudadanos incapaces de organizarse a la misma escala, a sindicatos que huyen en espantada, pero incapaces de unificar su resistencia legítima, y a partidos políticos de izquierdas totalmente apáticos. En Alemania, el SPD critica con razón las medidas antisociales de Merkel, pero su programa es de una confusa ambigüedad sobre lo que podría ser una respuesta a la crisis. Se abstiene de defender una recuperación global y evita enfrentarse a la canciller sobre la política del euro fuerte y del incentivo al ahorro, que castigan hoy la recuperación europea. En Reino Unido, el Partido Laborista está aniquilado, su programa se parece como una gota de agua al del partido del actual Gobierno conservador. En Francia, el Partido Socialista sigue en la inopia, no propone ninguna seria alternativa socioeconómica al Gobierno. Sabíamos que la crisis de la izquierda era profunda. Ahora sabemos que es trágica.
Pero también sabemos que la crisis económica no se resolverá rápidamente, y que nos esperan días difíciles. Ha llegado la hora de que la izquierda europea se recomponga y sobre todo que haga propuestas que no sean solo insustanciales y tímidas adaptaciones a las medidas tomadas por los grandes centros financieros. Propuestas realistas y socialmente progresistas para modernizar las relaciones sociales y convertirse en una alternativa creíble, movilizadora, frente a las derivas de un sistema económico exclusivamente dedicado al culto del beneficio y de la especulación financiera. Si la izquierda europea quiere oponerse de verdad a este sistema globalizado que ha logrado dividir como nunca a los asalariados, debe aprender a trabajar y actuar solidariamente a escala europea.
domingo, 18 de julio de 2010
LO QUE DICE SAMI NAÏR
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Cándido Fernández
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viernes, 16 de julio de 2010
LA OBCECACION, VISPERA DEL FRACASO.
Aquellos que no están dispuestos a trabajar, todos los que en la política sestean y pasan por padres de la patria cuando todos solo son bufones bien pagados del sátrapa de turno, todos ellos coinciden en loar la determinación, la firmeza, la convicción, la entereza, el desprendimiento y el patriotismo que se aloja en la otra estudiada frase de Zp, “Haré las reformas que hay que hacer cueste lo que cueste y me cueste lo que me cueste”. Y es evidente que los bufones se equivocan.Tanto el año pasado como el anterior, en idéntica circunstancia, en el repaso anual a la situación de la nación, -que no a la situación de los que la habitamos-, afirmó con rotundidad que nunca, siendo él presidente del gobierno, se actuaría contra los que menos tienen, que jamás respaldaría disminución del gasto social ni de los soportes básicos del estado de bienestar.
Al cabo de unos meses se ha podido comprobar cuan firmes eran sus convicciones y cuan arraigados sus principios. Cuando este presidente, en el “striptease” político más indecente del mundo, cambia de ropajes y su única argumentación es que hay que hacer lo que hay que hacer, lo que le han impuesto, -o no tanto-, los plutócratas nacionales e internacionales, entonces es cuando todo el espectro mediático y casi todo el espectro político español pretenden distraernos poniendo en sus portadas un alibi, -quien ha ganado el debate-, que solo morderán los que voluntariamente, en su momento, se hicieron extirpar el cerebro.
Es más que evidente y cada vez más conocido y compartido que la reducción del déficit público, si es que este fuese el causante de todos nuestros males, que no lo es, puede hacerse por dos vías, reduciendo gastos y/o aumentando ingresos, y don Zp se ha decantado por hacerlo exclusivamente por la vía de reducción del gasto, pero no de cualquier gasto. Ni han tocado, ni van a tocar los gastos militares, no han tocado ni van a tocar los gastos destinados a subvencionar bancos, cajas y empresas, no han tocado ni van a tocar gastos de representación, ni de publicidad institucional, no van a tocar los gastos derivados de los chantajes nacionalistas venideros. Han tocado solo gastos sociales y en ello van a perseverar.
No hay que gastar mucho tiempo en recordar lo que están remoloneando para tocar levemente, si es que acaban haciéndolo, el tratamiento fiscal de los que más tienen y de las empresas, por ello hay que temerse que en no mucho tiempo vuelvan a imponernos medidas tan progresistas como la reforma de las pensiones, cuando la Seguridad Social aun mantiene un abultado superávit, una reforma laboral que será convenientemente complementada por el PP en el trámite parlamentario, alguna vuelta de tuerca más a los impuestos indirectos y especiales, y como todos los años una oportuna actualización de los tramos impositivos del IRPF, ese impuesto que solo pagamos los que tenemos una nomina.
Ante estos hechos no es extremado afirmar que a Zp no le importa lo que nos va a costar su obcecación, por ello a nosotros no debe importarnos pasarle la correspondiente factura electoral. Que nuestro esfuerzo sea equiparable a su fracaso. ¿O es preferible que sigan estos haciendo el trabajo sucio al capital y así continuemos años y años sin la más mínima posibilidad de que los trabajadores estén representados en el Congreso? ¿Qué mayor daño social y político puede hacer la derecha de siempre en caso de llegar al poder? Y aunque pudiera hacerlo ¿no favorecería el resurgimiento de la izquierda social y política hoy drogada por unos usurpadores ya sin mascara alguna?
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Cándido Fernández
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miércoles, 14 de julio de 2010
¿CUAL ES SU PAIS?
Por hoy me quedo únicamente con una frase que el actual presidente del gobierno ha pronunciado en el debate parlamentario. Ha dicho: "Para mi país quiero prosperidad, empleo y política social."Me quedo con ella ya que me pregunto, ¿Para qué país es para el que desea prosperidad si en España, desde que está al frente del gobierno las rentas del trabajo han perdido participación en la renta nacional a favor de las rentas del capital? ¿Para qué país es para el que desea prosperidad cuando ha determinado que trabajadores publicos y pensionistas pierdan parte de sus salarios para transferir esas reducciones salariales al sector financiero?
Me pregunto para qué país desea Zapatero que haya pleno empleo cuando la reforma laboral abarata el despido, precariza aun más la contratación, y establece que el Estado se haga cargo de costes por despido que hasta el momento correspondían a los empresarios despedidores.
Finalmente, me pregunto para qué país desea la aplicación de políticas sociales cuando leyes ya aprobadas, ley de dependencia, es el mayor de los fracasos en su aplicación, y que por añadidura, ve como se reducen las prestaciones inicialmente establecidas. ¿Para qué país quiere Zapatero un gobierno que aplique y extienda las políticas sociales cuando los primeros recortes se han efectuado sobre el gasto social y todo indica que van a continuar?
No sé cómo se llamará el país para el que Zapatero tiene tan buenas intenciones pero de lo que estoy absolutamente convencido es que la España de los trabajadores y de los pensionistas no forma parte de ese otro país al que este presidente desea tanto bien.
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Cándido Fernández
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jueves, 8 de julio de 2010
MODERNOS Y EFICIENTES
Después de toda una semana disfrutando de mis primeros días como jubilado, días que he dedicado a hacer nada, a oír música, a volver a mi pueblo y a no ver el futbol, creo que hoy he vuelto a descubrir la manzana del progresismo zapateriano.Sin pretender siquiera acercarme a don Isaac, pero al igual que a él le ocurrió con el manzano, a mí, desde las páginas de “El País”, me ha vuelto a caer la manzana que demuestra algo que todos podemos constatar, que el progresismo de estos piratas es la suma de “modernidad y eficiencia”. En el negocio, añado yo.
Vean si no. Nos comunica don Zp que la reforma de la ley de cajas de ahorros es imprescindible a tal fin, y para ello se dispone que las cajas podrán emitir cuotas participativas hasta el 50 % del valor patrimonial de cada una de ellas, pudiendo así los compradores sentarse en los consejos de administración en proporción al capital detentado, o sea lo mismo que cuando algún plutócrata compra acciones.
Lo sorprendente, o no tanto tratándose de Zp, es que a continuación afirma que este mecanismo “garantiza una protección frente a eventuales compradores y pretende disipar el temor a una posible bancarización de las cajas”. Con dos bemoles.
Y no acaba ahí la cosa, sigue el diario de Miguel Yuste: “Para Zapatero, esto "evita su desnaturalización" y hace que no pierdan su papel social”.
Sí señor, ya que estamos todos al cabo de la calle de los miles de precedentes de los que podemos deducir que cuando un tiburón financiero se compre una parte de Caja Madrid, o de La Caixa o de cualquiera otra caja grande o pequeña, su desprendimiento financiero llegará a aceptar sin problema alguno que una importantísima parte de los posibles beneficios de la caja en cuestión se sigan dedicando a restauraciones del patrimonio artístico español, a la construcción de albergues y residencias para ancianos y tantas y tantas obras sociales que en forma de veraneos y ayudas sociales mantienen las cajas para con sus empleados.
Pero como cualquier aspecto que toca Zp se convierte en la cima del absurdo, nadie se ha de sorprender por lo que el periódico sigue comunicándonos: “Asimismo, respondiendo a otra reivindicación clásica del sector financiero, la nueva ley "limita fuertemente" la presencia de los políticos en sus consejos de dirección. Zapatero, que ha defendido que gracias a ello se aumenta "la profesionalización y democratización de las cajas", ha anunciado que se dictará la incompatibilidad de los cargos electos para sentarse en sus órganos de gobierno y se impide el acceso a los ejecutivos dependientes de las diferentes Administraciones públicas”.
Ya ven Vds. que para Zp, la desaparición de políticos de los consejos de dirección de las cajas es sinónimo de democratización. Esta es la clave. Cuantos menos políticos haya en cualquier ámbito más democracia tendremos.
No sé por qué me asalta el recuerdo de una frase de cuyo autor no quiero acordarme, que decía….”fulanito, haga usted como yo, no se meta en política”. Y el muy “ca..ón” nos tuvo cuarenta años jodidos.
Concluyendo. Si las cajas van a ser “banquitos” en los que “solo” el 50 % del capital puede ser privado, si esas cajas van a disminuir las cuotas de políticos metidos a banqueros, si la representación de trabajadores e impositores se adecuará a la nueva fórmula societaria de las cajas, y si todo este conjunto es lo moderno y lo eficiente, ha de quedar trasparente que lo que están haciendo estos progresistas con las cajas de ahorro es privatizarlas por fascículos. Y esto, seguro que es negocio para algunos, aunque no vivan en el País Valenciá.
Y como añadido final se nos anticipa que igual de imprescindible será la reforma de las pensiones que el ex-líder de la conjunción planetaria acometerá inmediatamente.
Corolario: Entiéndese por moderno y eficiente la acción de todo gobierno progresista por la cual se facilita la capitalización del capital al tiempo que se descapitaliza a los trabajadores, pensionistas y parados.
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Cándido Fernández
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viernes, 2 de julio de 2010
LA RUINDAD
Hace ya algunos años, creo recordar que por el 2001, fue preguntado José Saramago acerca del, entonces emergente, nuevo socialismo. Su contestación no dejó lugar a las dudas. Ni a las gramaticales, ni a las conceptuales.De las primeras, no se puede decir más con menos palabras, y de las segundas baste recordar su respuesta, “todo sustantivo que necesite calificarse como nuevo, ni es tal, ni tampoco lo será lo calificado”. Desde ese preciso momento, Saramago fue estigmatizado por el zapaterismo. No se imaginaban entonces que hasta los del sindicato de la ceja los iban a abandonar.
Hoy cuando se cumplen quince días de su muerte hay que constatar la ruindad de quienes, hasta el momento de esa descalificación ideológica, desearon su proximidad y el empaque personal e intelectual que el Nobel afincado en Lanzarote les prestaba.
No hay mayor ruindad que aquella que conjunta displicencia y disimulo, y displicentes y con mal disimulo han actuado los zapateristas con uno de los pocos elegidos para la gloria de la humanidad.
Algunos se han escudado en su nacionalidad portuguesa, otros en la distancia, y si se quiere, su animadversión hacia el nuevo socialismo, y todos los del gobierno de España han sido especialmente cicateros en el homenaje y funeral a tan gran figura, con lo que han evidenciado, una vez más, que la grandeza de un gobierno, de una idea, de un sentir se pueden demostrar en contadas ocasiones, y esta, la muerte de Saramago ha sido una de las ocasiones en las que se ha revelado en toda su miseria la ruindad de quienes jamás serán grandes como humanos, ya que para ellos ha habido más distancia de Madrid a Lisboa que al Vaticano. Y es que los sectarismos unen mucho.
Con su actitud, estos bobos ruines vienen a su pesar a dar razón al escritor. Ni nuevos, ni socialistas. La prueba es que ellos mismos se denominan progresistas mientras hacen que todo lo relacionado con el socialismo democrático retroceda.
Mucho más tiempo habitará el recuerdo de José Saramago en la memoria de los hombres que la pesadilla de estos progresistas sectarios en los anales de la historia española.
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Cándido Fernández
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