jueves, 13 de enero de 2011

EL JARRON CHINO Y EL CONFERENCIANTE

Como lo de la corrupción en esta finca es tan frecuente que ya a nadie escandaliza, hoy me voy a tomar a la ligera los dos últimos casos de desvergüenza nacional. Dos casos idénticos ya que de idéntica desvergüenza se trata.
Cronológicamente primero fue el huevo de Felipe y más tarde la gallina de Aznar. Para que se entienda, primero fue González el que privatizó Gas Madrid y toda la red de distribución canalizada de gas propiedad de Repsol poniéndolas en manos de La Caixa, quien a su vez era propietaria, como ahora de Gas Natural.
Manteniendo esa primogenitura la semana pasada se supo de la contratación por parte de la gasista-eléctrica-bancaria catalana del jarrón chino que en forma de expresidente del gobierno marcaba el camino a su sucesor en compatibilizar su pensión extraordinaria de la seguridad social, más de ochenta mil euros al año, -y recuérdese que la pensión de jubilación media de los trabajadores españoles está en torno a los 11 mil euros al año-, con una retribución por asesorar a sus nuevos patronos y viejos favorecidos que ahora le retribuyen con 120 mil euritos mas.
El “Jacob” de esta saga, el insufrible Aznar, el patriota de Famatella, tras sus trabajos como conferenciante internacional a 20 mil euros la hora, su entregado asesoramiento a “ciudadano Kane”, Robert Murdoch, su nominita como consejero de Estado y, -off course- su pensión de expresidente, dos pagas publicas que al resto están vetadas y más si se tiene actividad laboral alguna, don Jose Mari de los Abdominales se ha apuntado a pillar 180 mil euros al año de una eléctrica que privatizó, Endesa.
En un caso y en otro, tanto Felipe como Ansar, tienen o han tenido peones de brega en ambas empresas que, conseguidores especializados, han facilitado la llegada de estas propinas a los bolsillos de aquellos que antaño los protegieron e impulsaron en sus carreras políticas y económicas, privatizando el patrimonio de todos los españoles a mayor gloria de su propio futuro.
Nada voy a decir sobre Narcís Serra. Nada se puede añadir a su devenir económico. Pero si relataré solo una “anécdota” del primer presidente pepero de Endesa, el muy reverenciado turolense e ilustrísimo economista, el diputado dimisionario don Manuel Pizarro.
Siendo presidente por designación aznarita de la malbaratada en su privatización Empresa Nacional de Electricidad S.A. que tal significan las siglas ENDESA, don Manuel Pizarro creyente de los de cilicio en pierna ajena y confesión diaria con su bróker, demostró, como presidente de Endesa, su apego a la santa madre iglesia católica, apostólica y romana con aportaciones y detalles tan llamativos como los que ilustran estas letras.
Esas fotografías están tomadas en el atrio de la iglesia llamada, nada más y nada menos que parroquia de María Virgen y Madre. En ellas se puede comprobar cuan justificada esta la subida de la luz a causa de los dispendios ideológicos del Sr. Pizarro, dispendios que a buen seguro el hombrecillo insufrible, el héroe de Perejil y de las Azores, restituirá a la empresa de su amigo Berlusconi.
Pinchen en la imagen y créanse lo que leen. En caso contrario acérquense por la Avda. del Machu Pichu a la altura del nº 53 y comprueben por si mismos que tanto la imagen de la placa y la campana de la parroquia fueron gentilmente donadas por la eléctrica que ahora nos saquea sin distinción alguna a feligreses y descreídos. Eso es igualdad y no la zapateril
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martes, 11 de enero de 2011

CHALANEANDO

Que son malos tiempos los que corren para la lírica es más que evidente y cuando hay que subrayar lo obvio pocas dudas deberían caber.
Ayer me ocupaba en subrayar la evidente falta de legitimidad de los sindicatos como representantes de los pensionistas en la negociación que sobre la rebaja de las pensiones están manteniendo con el gobierno de Zp. Son sus acciones pasadas y no mis opiniones las que los descalifican.
De pasada mencioné el primer cebo que en un primer momento todos nos tragamos cuando en el sedal del liberalismo felipista se aceptó la conveniencia de separar las fuentes de financiación del sistema de protección social y más específicamente del sistema de pensiones públicas. Consistió en determinar qué pensiones y bajo qué condiciones y circunstancias eran atendidas económicamente con fondos de la propia seguridad social y qué otras pensiones habrían de ser pagadas con fondos provenientes de los presupuestos generales del estado.
Confieso que entonces no alcancé a valorar lo que se ocultaba en esa maniobra y que solo cuando se combinaron dos hechos, la lentitud del proceso de separación efectiva y el comienzo de las campañas de amedrentamiento de los trabajadores con las que se ponía en supuesto peligro el futuro del sistema, fue cuando comprendí qué pretendían con eso de la separación de las fuentes de financiación.
Pretendían, y han conseguido, inculcar en el consciente colectivo que si se vislumbrase, real o de forma imaginaría, un futuro incierto del sistema de financiación de pensiones público, al haberse determinado que las pensiones contributivas las ha de pagar la Seguridad social con sus propios fondos, no quedaría otra opción que rebajarlas y/o, quien pudiera, complementarlas con pensiones privadas, ya que en sí misma, la separación de las fuentes de financiación suponía la exención de la responsabilidad solidaria del Estado que hasta entonces había venido teniendo con su propio sistema de protección social, responsabilidad que obligaba, como no podía ser de otra forma, a aportar los fondos necesarios a la seguridad social para que esta hiciese frente a sus gastos.
Ni que decir tiene que la historia económica y financiera de la seguridad social es una sucesión de ejercicios económicos deficitarios solo nivelados por las aportaciones del Estado. Hoy, aun con esta reciente realidad, nadie osa recuperar la lógica económica y financiera que tenía el sistema, y fundamentalmente por dos razones. La primera, que los que conmigo o yo con ellos, picamos el cebo felipista no tienen la gallardía de reconocer su error y reclamar para lo público lo que en privado se practica, la responsabilidad solidaria en la consecución de un objetivo común, el bienestar colectivo, ya que no otra cosa ha de ser fin primordial, si no único fin de la acción de todo gobierno. Y la segunda, que a la vista del maginifico negocio, -expuesto de nuevo ayer-, que estan haciendo con los últimos superavits de las cuentas de la S. Social, superavits de los que todos disfrutan, todos han puesto en común aquello de no matar a la gallina de esos huevos de oro.
Así las cosas, en la actual negociación nadie se plantea recuperar lo perdido. La anemia sindical derivada de su permanente huelga de acción reivindicativa y de su monocultivo del pragmatismo sindical han llevado a las organizaciones que debieran ser la vanguardia de los trabajadores a tal punto de laxitud que solo parecen buscar justificaciones que les permitan salvar la cara y los sillones de los adocenados dirigentes sindicales.
Esa búsqueda de justificaciones es la que les está llevando a la práctica de maniobras tan chuscas como la de representar a los pensionistas, presentes o futuros, cuando ni tan siquiera son capaces de representar decentemente a los trabajadores en activo que es, o debiera ser, su ámbito natural de actuación.
Los sindicatos, en su degenerada necesidad de combinar legitimación e ingresos, han decidido que en vez de rechazar la agresiva posición del zapaterismo sobre el futuro de las pensiones, han ofertado ocultar su abdicación ante el poder político y ante el capital en un más amplio pacto social al que se sumarán los empresarios. Así, disfrazando de “pactos de la Moncloa 2” lo que solo será ataque y reducción de derechos de los trabajadores y pensionistas, los enemigos de los trabajadores, todos ellos, nos dirán en unos días que en su esfuerzo y sacrificio han demostrado su gran sentido de la responsabilidad, cediendo todos ante sus respectivos oponentes a fin de conseguir que la estabilidad y el progreso tengan firmes soportes de cara al futuro.
Mientras, el paro seguirá subiendo, la capacidad adquisitiva de prestaciones sociales y salarios, bajando, extendiéndose la inseguridad y la miseria, emigrando la generación mejor preparada y creciendo la animadversión ciudadana a un sistema pseudo-democratico corrompido en el que nadie cumple con su obligación.
Si hace algo más de un mes se hizo el primer ensayo de descapitalización de la banca europea con gran nerviosismo por parte del capitalismo mundial, hoy y aquí es necesario descabezar a la casta dirigente sindical que amarrada a los privilegios de sus cargos, lleva décadas renunciando a ejercer el papel constitucional que corresponde a los sindicatos de clase. Son las dos únicas armas con las que contamos los trabajadores, nuestras cuentas corrientes y unos sindicatos que hay que regenerar si no queremos que el “palote” del siglo XXI se sitúe delante de las dos X.

Ruego a mis lectores que sean creyentes que pidan al cielo que me equivoque. Mas que nada por aquello de tener la "fiesta" en paz.

lunes, 10 de enero de 2011

NEGOCIANDO

Hay dos acepciones del verbo negociar que el diccionario de la RAEL define de las siguientes maneras, acepción nº 3, “Tratar y comerciar, comprando y vendiendo o cambiando géneros, mercancías o valores para aumentar el caudal” y acepción nº 4, “Tratar asuntos públicos o privados procurando su mejor logro”. Todos sabemos que sindicatos y gobierno llevan reunidos más de tres días en maratonianas sesiones, en las que se negocia la reforma del sistema de pensiones público. Igualmente todos sabemos que cuando se negocia sobre algún tema se han de dar al menos dos condiciones, en cada una de las partes enfrentadas, una, ser titular legítimo del bien o derecho sobre el que se negocia, y dos, partir de la predisposición de ceder, en parte o en todo, en pro de un acuerdo que a todos beneficie.
Si como muestra de buena disposición aceptamos que ambas partes comulgan con la acepción nº 4 del diccionario de la RAEL y negocian sobre asuntos publicos procurando su mejor logro, hemos de analizar si gobierno y sindicatos son titulares legítimos del bien social que son las pensiones públicas, y, desde la perspectiva que aporta el pasado reciente, hay que concluir que ni unos ni otros son titulares, ni tan siquiera legítimos representantes de los derechos de los trabajadores y pensionistas.
En el pasado reciente tanto el gobierno como los sindicatos se han distinguido por consentir y silenciar el continuo ataque que el sistema de la seguridad social ha venido soportando. Ha sido un ataque silencioso que ha consistido primero en aparentar como necesario e imprescindible la separación de las fuentes de financiación del sistema, determinar que se pagaba con ingresos procedentes de la fiscalidad general y qué otros gastos se financiaban exclusivamente con ingresos de la propia seguridad social.
Así, aprovechando un tiempo en el que los superávits eran crecientes generaron una formula tan engañosa como perecedera. Crearon el fondo de reserva de la seguridad social el cual se dotaba con fondos procedentes de los superávits anuales y procedieron a vocear con el apoyo de sus medios de convicción la maravillosa idea, la idea que demostraba cuanto se ocupaban por el futuro de nuestras pensiones.
Lo que silenciaban es que habían convenido todos, PP, el padre de la idea, Psoe y sindicatos, la formula por la cual al cabo de diez años más de ciento catorce mil millones de euros han pasado de las manos de la seguridad social a las manos de los respectivos gobiernos que en esta década han atracado a los trabajadores españoles.
De los ciento catorce mil millones de euros solo sesenta y dos mil fueron destinados al fondo de reserva, por lo que el resto, cincuenta y dos mil millones han acabado, probablemente en eso que ahora llaman dotación para el ejercicio de las políticas económicas discrecionales del gobierno, o sea, vaya usted a saber en manos de qué banqueros y cajeros han terminado esos dineros que eran de los trabajadores españoles.
Pero no quedó ahí el atraco, los sesenta y dos mil millones de euros que teóricamente están en el fondo de reserva se han ido realmente a financiar otros gastos de los presupuestos generales del estado ya que más del noventa por ciento de esos fondos hoy día son papelitos, llámense, letras, bonos u obligaciones del estado español, deuda pública española y el resto se ha invertido en deuda extranjera. En resumen que si hiciese falta dinero para pagar pensiones el gobierno tendría que vender aprisa y corriendo esos “papelitos” o emitir otros para que la seguridad social pudiera hacer frente a sus obligaciones.
¿Qué han aprendido los negociadores de este atraco continuado? Muchas cosas. Que la seguridad social española es la empresa de más y mejores rendimientos económicos, incluso en época de crisis como la actual en la que supera los beneficios de los cuatro grandes de la banca española. Han aprendido que si en época de crisis la S. Social sigue dando beneficios, con bajar las pensiones,- y no otra cosa es ampliar el periodo de cálculo de la base reguladora y ampliar la edad laboral-, los superávits crecerán y con ello sus disponibilidades. Y finalmente han aprendido que aprovechando la crisis se puede atemorizar a una sociedad desestructurada y a una clase trabajadora dividida e insolidaria que temerosa por su futuro debe orientar sus ahorros a “planes de pensiones” privados que realmente son ahorro a largo plazo tan mal retribuido que son los únicos planes de pensiones que en el mundo pierden valor y que además son maltratados fiscalmente cuando son rescatados.
Si todo esto ha venido y viene sucediendo con la mayor naturalidad, hasta el punto de no ser puesto en cuestión por nadie, ni en el campo político ni en el sindical, y otros datos, como es la evolución a la baja de los tipos aplicados a las cotizaciones de las empresas, avalan lo sistemático y compartido del ataque al sistema de protección social español, la legitimidad de los negociadores brilla por su ausencia ya que es más que evidente que ninguna de las partes, en este asunto público, está procurando su mejor logro.
Y si ninguna de las partes, por sus hechos, está legitimada para negociar y alcanzar el mejor logro que, por ser público, a todos beneficie, cualquier cesión ahondará en el mismo sentido sus saqueadoras actuaciones precedentes.
Con todo ello es más que evidente que los que gobierno y sindicatos están haciendo es tratar y comerciar, comprando y vendiendo o cambiando géneros, mercancías o valores para aumentar el caudal, y ante esta realidad los trabajadores españoles han de preguntarse lo siguiente, ¿Hasta qué punto hay que llegar para que cese el ataque a nuestros derechos? ¿Tiene límites la desvergüenza de unos y la avaricia de otros? ¿Qué no estamos dispuestos a perder?

jueves, 6 de enero de 2011

NO NOS SIRVE

Estoy absolutamente seguro que entre mis lectores no se encuentra miembro alguno de la casa real española, pero no diría lo mismo cuando tras subir lo que sigue a este blog, quizás mañana, de madrugada, alguien llame a mi puerta y no sea precisamente el lechero. Pero vayamos por partes.
Nunca jamás he entrado en la disquisición Monarquía vs. Republica, y nunca lo he hecho ya que ambas formas de representación máxima de la nación no tienen por sí mismas más legitimidad democrática que la que sus hechos les pudieran conferir.
No concibo una monarquía “popular”, al igual que no soy capaz de entender a las muchas republicas capitalistas existentes, ya que en ambos casos se unen términos contradictorios y por lo tanto de imposible convivencia perdurable.
Salvo en los lejanos tiempos en que nacían los reinos, las naciones, las democracias y el sentido colectivo de la ciudadanía, nunca monarquía alguna ha servido al pueblo, ni republica volcada hacia sus ciudadanos ha pervivido un minuto más de lo que los poderosos han consentido.
Hoy, en la actual dictadura del dinero, no es posible una monarquía cívica ni una republica popular, pero dado que de lo que disfrutamos en España es una prolongación de un sistema monárquico tan anacrónico como inútil a efectos de la ciudadanía, es a esta forma de estado a la que hay que analizar.
En tiempos de bonanza económica, laboral y social, hay que aceptar que pudiera ser indiferente la forma que adoptase la jefatura del estado, y en esas precisas circunstancias, resulta tan anodino como intrascendente que en la más alta representación del país esté un rey o un presidente de la republica; pero cuando como en estos tiempos, la situación económica impuesta por los poderosos extiende malestar, inseguridad, pobreza y restricción de los nacientes derechos ciudadanos, estos, los ciudadanos, podemos y debemos volver la vista hacia quien pudiera o debiera ser la última instancia protectora de la libertad, de la igualdad y de la justicia, el jefe del estado.
Deténganse queridos lectores en este punto y jueguen a situar, mentalmente y de forma alternativa, en el sillón de la jefatura del estado al actual monarca o al presidente de la republica española que, surgido de cualquiera de los actuales partidos políticos, mas les cuadre a sus deseos. Una vez puestas las caras a esas dos alternativas contéstense a la siguiente pregunta. En caso de que tanto uno como otro de sus jefes de estado así lo desease, ¿creen Vds. posible que el sistema permitiese tanto al monarca como al imaginario presidente de la republica española intervenir para modificar las condiciones de explotación laboral, salarial, fiscal, política, informativa y de reducción de derechos constitucionales que los trabajadores en España estamos sufriendo?
Estoy seguro que la respuesta ha de ser necesariamente no y que solo los que deseen confundir deseos con realidad se contestarían de otra forma.
Hoy no cabe añorar la 2ª republica española por una simple y sencilla razón. Hoy la ciudadanía española y especialmente la clase trabajadora no anhela la libertad, la igualdad y la justicia que antaño llevaron al pueblo español a luchar por sus derechos expulsando a una monarquía cuyo matrimonio con los poderes económicos, militares y eclesiásticos la había deslegitimado.
Por esto es por lo que hoy, igual que ayer, la monarquía, en su limitado papel constitucional, se ha acomodado al sistema que la nutre, que le asegura su familiar futuro, que la mima y dota de privilegios y bienes procedentes de los plutócratas y que así la distancia cada día mas y mas de la realidad de un pueblo que se está quedando sin recursos civilizados que puedan variar el rumbo de su provocada y provechosa desgracia.
Hoy cuando la crisis social y laboral, y sus asociadas la miseria y la inseguridad, devoran sin pausa a cada vez mas ciudadanos, la monarquía solo atiende los mensajes y los consejos de los poderosos. No cabe hablar sobre la comunicación corona-representantes del pueblo ya que es evidente que estos, los llamados representantes del pueblo, dejaron de serlo cuando trocaron esa representación por la de aquellos otros que más y mejor les retribuyen. No cabe escudarse en el acertado pero exiguo papel que la constitución reserva al monarca ya que el art. 56.1 de la constitución le atribuye poderes para arbitrar y moderar el funcionamiento de las instituciones, por lo que no cabe justificación alguna que como resultado final permita y mantenga la situación de malestar social que el pueblo español y especialmente la clase trabajadora soporta mientras que los jerarcas de este régimen siguen disfrutando de una vida tan muelle como regalada.
Y puesto que tanto me da rey que presidente de republica cívicamente autistas, me temo que hoy, la monarquía, con otros matices, ya que otras son las circunstancias, está andando por el mismo camino que antaño anduvo el abuelo del actual jefe del estado.
Es por todo lo anterior que puesto que tanto el gobierno como la oposición y todos y cada uno de los partidos políticos trabajan solo en su propio beneficio al igual que el resto de las instituciones del estado, la primera de ellas, la actitud de la corona, de no rectificar su adánica, distante e indiferente postura hacia los explotados, me permite afirmar, ya sea solo o con compañía, que el rey, a día de hoy, a los trabajadores españoles no nos sirve.
Mas como lo valiente, (o temerario, ya veremos), no ha de quitar lo cortés.....felicidades, Juan Carlos.

lunes, 3 de enero de 2011

ERRE QUE ERRE

Siempre he despreciado esa aparente obligación por la que al año nuevo ha de corresponderle una nueva y, se supone que, mejor vida nueva. Y lo he despreciado por dos razones, una, la componente clericaloide de la que se desprendía, y dos, por la constatada realidad de que aquellos que mas incidían en tan angelical propósito eran los que a lo largo del año mas se destacaban en llevar y aplicar a los demás su antigua y abusiva vida.
Viene lo anterior a cuento ya que me he hecho el propósito de, en este año, quizás el último del zapaterismo, modular, que no abolir, mis denuncias sobre los hechos de los cadavéricos progresistas. Y no por una mal entendida conmiseración hacia estos finados, sino por entender que con la desaparición del zapaterismo ni tan siquiera se comenzará el camino que colectivamente nos lleve a la verdadera democracia que la constitución contempla.
Puesto que entiendo que con el entierro del zapaterismo solo se abrirá la oportunidad, ligera y lejana, de que alguien en el Psoe recupere sus señas de identidad e inicie el largo camino de regeneración socialista y de recuperación de la credibilidad ciudadana que estos pre-fiambres han pisoteado, es imprescindible hacer hincapié en la denuncia de las graves heridas que la dictadura del capital y la degeneración de la clase política están causando al sistema democrático.
Hay quien se siente cómodo en el actual estado de cosas de la democracia española. Son aquellos, efectivamente acomodados a los privilegios del sistema, o bien aquellos otros que de su obcecación partidaria se retroalimentan tanto de su propio odio al supuesto adversario como de su voluntaria ceguera e incapacidad analítica.
De cara al futuro más o menos inmediato es necesario constatar la debilidad del sistema democrático español, y no tanto por la fuerza y extensión de los enemigos de la democracia que en progresión geométrica multiplican sus denuncias con el único propósito de enterrarla, que también, como por la necesidad de una profunda regeneración social que sea capaz de llevar a la convicción de las clases dependientes que el mal funcionamiento de la democracia española no puede ni debe ser sustituido por la anulación del sistema sino por la derrota de los que han provocado de forma interesada esa atrofia democrática.
El futuro de este país, el trabajo de los que creemos en el ciudadano político, aquel que participando o no directamente en la política, se interesa por ella y conforma opinión colectiva de manera libre y autónoma, ese futuro pasa ineludiblemente por la persistente denuncia de las carencias y amputaciones democráticas que hoy soportamos los españoles.
De esta convicción es de la que en lo sucesivo se ocupará preferentemente este blog. Repasaré todos y cada uno de los ámbitos institucionales, públicos y privados, que desde mi personal e intransferible punto de vista inciden e influyen negativamente en la degeneración del sistema. Con nombres y apellidos, siempre que pueda, denunciaré los intereses privados que se imponen a los colectivos, a los generales, a los de la ciudadanía. Señalaré el deshacer de aquellos que ufanándose de construir solo derruyen poco a poco las bases de la democracia, al tiempo que, como hoy con sus demandas de denuncias anónimas, arrojan sal en los ámbitos ciudadanos en los que pudieran sembrarse nuevas simientes de libertad e igualdad.
Tengo para este fin el mejor de los guiones y a él me voy a atener. Es el que escribieron unos ciudadanos imbuidos de la ilusión que como pueblo teníamos allá por el 1978, la arrinconada y por muchos odiada Constitución Española de 1978.