viernes, 21 de octubre de 2011

DOS RAZONES MÁS PARA BOTARLOS: LA IGLESIA Y LA IGUALDAD

La iglesia católica: Anunció el Psoe zapaterista, allá por el 2004, su firme decisión de acometer las medidas necesarias como para que la iglesia católica alcanzase durante esa legislatura la autofinanciación que los acuerdos suscritos preveían para ya hace muchos lustros.
No solo no ha sido así sino que con el dinero de todos, pero preferentemente con el dinero de los trabajadores, los que pagamos impuestos, se han regado los pulpitos con una abundancia nunca igualada. La influencia de adictos a esa secta, especialmente de la Vega y Bono, consiguieron extender entre la nomenclatura zapaterista la convicción de que a esta secular empresa se la podía comprar con dinero y ampliación de sus privilegios.
Hoy, tras lo sucedido a finales de agosto durante el paseo triunfal de Ratzinger y visto el comportamiento de la policía para con los no creyentes, todos hemos podido comprobar su muy distinta actitud para con unos y para con otros. Así, cuando todo son recortes de derechos y de prestaciones sociales, nada se escatima, -más de cincuenta millones de euros gastados en tres días-, cuando se trata de halagar la inconmensurable vanidad de un nazi que se reclama representante de dios en la tierra.
La igualdad: Concepto que el zapaterismo ha prostituido y devaluado al aplicarlo, solo e interesadamente, a la igualdad de género y de una forma casi minimalista.
La mal llamada paridad en las listas trató de ocultar en una nube tan artificial como engañosa la disparidad salarial existente entre hombre y mujer, la cual se ha ampliado durante los desgobiernos de Zp. Mientras que en 2005 la mujer trabajadora, a igualdad de trabajo con el hombre recibía un salario inferior en un 22 %, en el 2010 el salario de la mujer era un 27 % inferior al percibido por el hombre.
Ni tan siquiera este su jibarizado sentido de la igualdad fue capaz de mantenerlo. De la misma ridícula forma en que creó el Ministerio de la Igualdad, de la misma forma, de la noche a la mañana y sin explicación alguna, lo anuló, dejando tras su disolución, eso sí, el correspondiente reguero de “miembras” que de la mano de la incompetente Aido se colgaron del presupuesto para siempre jamás.
Hablar durante el zapaterismo de igualdad ante la ley, de igualdad en el ejercicio de los derechos ciudadanos, de igualdad en el trato fiscal, hablarles de la acción redistribuidora del Estado para cooperar al establecimiento de todos estos tipos de igualdades, es sencilla y llanamente perder el tiempo, es pedir izquierdosas peras a un recalcitrante y corrupto olmo de derechas
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jueves, 20 de octubre de 2011

TREINTA RAZONES PARA “BOTARLOS”, 1ª.

No treinta, sino treinta mil podrían ser las razones que los ciudadanos de izquierdas hemos ido acumulando a lo largo de estos casi ocho años de zapaterismo, pero quizás solo con treinta, una por cada día que falta hasta la fecha electoral, sean más que suficientes para al menos decidir no votarles, o en jerga argentina, botar a estos boludos.
Diré hoy por última vez que la izquierda necesita regenerarse y que tan solo puede hacerlo desde la derrota aplastante, desde la ausencia de posibilidades de interpretarla de forma interesada, de una forma tal que todos los implicados en la deriva derechista y la traición a la historia y al electorado socialista sean barridos de la faz de la izquierda.
No cabe miedo al acostumbrado…..¡que viene el lobo del PP!. No cabe temor a la otra derecha que únicamente incidirá algo más en la línea de actuación cruel que el zapaterismo ha venido aplicando a los trabajadores, es más, ese incremento hacia la injusticia, hacia la desigualdad, hacia la corrupción y hacia la mentira y la manipulación, no ha de ser moneda de cambio a la que vender la esperanza de que el socialismo democrático, en ese trance de desestructuración social agravada por el PP, barra a los traidores y recupere su histórica identidad perdida.
Es por ello que ante la remota o cercana posibilidad de que el zapaterismo y su progresismo de cuenta corriente pasen a ser un mal recuerdo del pasado es por lo que siguen treinta razones para “botarlos”.
1ª Razón.- No se levantó al paso de una bandera que, guste o no, representa a un pueblo con un gobierno con el que se puede coincidir o no, pero que es tan legítimo, si no más, que el que posteriormente él aquí designó. Sacó a las tropas de Irak alardeando de antimilitarismo y al cabo de unos años, en vez de estar participando en una guerra, España y su ejército están participando en dos y bajo la misma fórmula de aliado mamporrero y prescindible con la que antaño estabamos en Irak.
Hoy estamos contribuyendo a la destrucción y a la muerte en Afganistán y Libia a fin de imponer por la fuerza los intereses petrolíferos de las multinacionales, y como colofón de su perdido deambular político-militar, desde hace unos días, el denostado escudo antimisiles de Reagan y los Bush, ha pasado a ser imprescindible garantía de seguridad nacional, por lo que de nuevo, saltándose ley y tratado, como antaño su excrecencia, ha cedido Rota a la armada yanqui.
Como vemos, también en lo militar, el zapaterismo es al tiempo una cosa y su contraria.

viernes, 14 de octubre de 2011

PEPIÑO, EL CREYENTE “CAMPEON”.

Dice don José Blanco, ese al que antes de disponer de poder y presupuesto todos llamaban Pepiño, que como creyente no tiene nada de qué arrepentirse, y miren por dónde, por una sola vez un servidor de Vds. le cree a pie juntillas.
Tengo para mí, y al alcance de cualquiera están las evidencias, que para hacer determinadas cosas sin que estas acarreen cargo de conciencia alguno se ha de ser creyente y no un creyente cualquiera. Se ha de ser un fiel creyente de la Iglesia Católica Apostólica y Romana.
Si hacen Vds. un repaso a los hechos de algunos de los más conocidos creyentes españoles de todos los tiempos, podrán constatar que para matar, robar, abusar de la fuerza, mentir y violar las propias leyes, los más de esos creyentes lo hicieron bajo palio, con la cruz como cachiporra, blandiendo lo que llaman sagradas escrituras y con curas que a hisopazos bendecían tales desmanes.
Desde Hernán Cortés al Gran Capitán, desde Isabel de Aragón, llamada la Católica por no temblarle la mano,-a esta tampoco-, cuando sus tropas clericales pasaban a cuchillo a moros y judíos, hasta los miles de asesinos profesionales que a sus tropas mandaban a la muerte en el nombre de dios con tal de conseguir una medalla más.
Creyentes eran Millán Astray y Carrero Blanco, el propio Franco y todos los que en su consejo de ministros firmaban penas de muerte por disentir de su fe política y religiosa. Creyentes eran Arias Navarro, alias “carnicerito de Málaga” y Girón de Velasco, creyentes eran todos los obispos que respaldaron asesinatos y represión, creyentes son los Botín, los Pérez y las Koploviz, los Alierta y los González, los Rivero y los Fainé, Aznar y su Botella, Zaplana, Camps, Fabra, Bárcenas, el “Albondiguilla”, Correa y el “Bigotes”.
Creyente es Bono, Sebastián y tantos otros de su propia nómina, quienes junto al que le introdujo en la “sociedad” madrileña y en el mundo de los pelotazos, José Luis Balbás, y sus matarifes Eduardo Tamayo y Teresa Sáez, todos estos y los anteriores, no solo comparten creencias, sino que también, a distinto nivel, comparten hechos que agotarían los calificativos peyorativos y unas conciencias que por estar basadas en esas precisas creencias religiosas les impide a cada uno de ellos arrepentirse del mal causado ya que o no diferencian el bien del mal, o diferenciándolos, su desvergüenza les lleva a envolver sus fechorías en la capa de creencias que en otros, decentes y honrados, son absolutamente respetables.

martes, 11 de octubre de 2011

DILEMA RESUELTO

Desde hoy hasta el 20-N, día del funeral oficial del traidor al Psoe, me propongo traer a la memoria de los que este blog siguen algunas de las razones, que, basadas en hechos incontestables, debieran soportar la decisión de todos los que se sientan coparticipes de los valores clásicos de la izquierda, de no votar a los herederos digitales del zapaterismo.
Antes, ya les anticipo que hasta hoy me he venido debatiendo entre la participación electoral apoyando a la que parece ser la única fuerza de izquierda real con posibilidades de tener presencia institucional, IU, o sumar mi ausencia electoral a la cada vez más nutrida riada de ciudadanos que rechazamos al sistema seudo-democrático que entre todos han construido.
Finalmente y tras la reflexión que a continuación compartiré me he decidido por la abstención como fórmula de rechazo, como mecanismo de alejamiento de las reglas de juego que los corruptos se han construido a fin de obtener privilegios, riquezas e inmunidad.
Entiendo que la situación política, económica y social de España, de lo que fue España, no puede seguir soportando un esquema de funcionamiento democrático que únicamente se orienta a dar servicio y protección a los plutócratas y a la inmensa mayoría de los políticos a sueldo de los primeros.
Pocas palabras se han de gastar en delinear la identidad real de PP y Psoe, ya que sus milimétricas diferencias les hacen merecedores de ser arrojados al mismo saco del desprecio ciudadano, pero sí algunas más hay que usar para justificar la negación del voto a IU.
Soy de los que no cree, a la luz de la experiencia, en los cambios desde dentro. Todas las organizaciones políticas son endogámicas y tendentes a la consecución del mal menor como método de permanencia en las ventajas que el sistema otorga a los digitalizados, sean electos o no, pocos o muchos, que consiguen instalarse.
Por ello y ante la disyuntiva de, por un lado tener un grupo parlamentario de IU más o menos numeroso instalado en la Carrera de San Jerónimo, grupo que en cualquier caso será escuálido dada la vergonzosa ley electoral, no mi ausencia de respaldo, y temiendome que ante las previsibles acometidas del PP, ese grupo devendrá en pactista con el Psoe, entonces verbalmente izquierdoso, y de otro lado poder cooperar al incremento de la desafección ciudadana a este sistema político que por injusto y corrupto se hace merecedor del rechazo ciudadano, me decanto por abonar la esperanza que desde la calle, desde la proximidad a la ciudadanía y no desde las moquetas oficiales, nazca la revolución que pueda llevarse por delante a todos estos años de dictaduras fascistas y de dictaduras económicas sostenidas y favorecidas por aspirantes a asesinos, los franquistas, y por aspirantes a pequeños plutócratas, los traidores al socialismo democrático.
Tengo para mí que no existe la más pequeña posibilidad de que la cordura, la razón, la sensatez, incluso la necesidad nacional, se interne en el pútrido sistema político español y que estas virtudes, allí instaladas, primero desinfectasen la politica y más tarde se impusieran como útiles diarios e imprescindibles en el trabajo de todo aquel que se tenga por representante del pueblo.
Y como me temo que así será, por más que encontrásemos en las Cortes a unos cuantos justos, no debieran ser precisamente ellos los que por su presencia impidieran el que la ciudadanía arrasase la Sodoma política que allí se asienta. De aquí que blanco, nulo o abstención han de ser el medio de manifestar el rechazo y el compromiso de lucha contra los que de la España de los ciudadanos, un deseable y posible paraíso, han hecho un infierno de injusticias, abusos, corrupción y pillaje.

miércoles, 5 de octubre de 2011

¡AUX ARMES, CITOYENS!




Dicen que todos, en nuestra juventud, hacemos un viaje que de una forma u otra se puede considerar el viaje iniciático. Ese viaje durante el cual unos tenían que enfrentarse a un león, otros a ritos iniciáticos más que cruentos y hoy, los más, lo acometen, para, aun sin saberlo, aprender y descubrir aspectos que nos marcarán para toda la vida. El mío, allá por la mitad de los sesenta fue a la Francia de De Gaulle.
En el extremo opuesto, en el final del camino, están o debieran estar los viajes terminales, esos que pudieran compendiar de forma escueta lo más importante de lo aprendido, tras varias décadas de deambular por este mundo sin saber muy bien con qué objetivo.
No sé si me quedará algún otro viaje terminal en el que se pudieran condensar y extractar conocimientos, valores y/o sentimientos, pero el que junto a mi amigo Paco Solo he realizado el fin de semana pasado, lo consideraré como tal hasta que pudiera realizar ese otro que a lo que sigue se sumase, para contarlo o ya entonces, no.
Hemos visitado en tres días tres tumbas de tres de nuestros más admirados grandes hombres. En Montauban hemos rendido homenaje a la grandeza, la rectitud, la entrega, la firmeza, el patriotismo y la inteligencia de don Manuel Azaña.
En Colliure, mis sensaciones de proximidad y de cariño a la bonhomía, a los raudales de sensibilidad humana de don Antonio Machado, y a su capacidad para emocionar desde convicciones de generosidad y solidaridad humana, se dispararon al punto de tener que contener lagrimas delatoras de desconsuelo por una ausencia que, aun consolidada por más de setenta años, se vuelve reciente con el calor de su humilde pretensión vital, ser un hombre bueno y partir ligero de equipaje.
Por último en Port Bou visitamos el memorial Walter Benjamin, filósofo marxista, amigo de Adorno y seguidor de Proust y Baudelaire, firme y constante crítico de Hitler, que, atrapado entre los nazis del régimen de Vichy y los fascistas de Franco, al parecer decidió suicidarse en esa localidad gerundense, la cual al no haberse encontrado los restos del pensador alemán, erigió un monumento a las puertas del cementerio municipal.
Tras estos días de recorridos por las tumbas de hitos humanos de entrega y generosidad, tras tres muy diferentes y al tiempo exactas emociones ante tres añorados grandes hombres, el retorno a la normalidad española provoca asco y vomito.
Ladrones y ladronas al asalto de los dineros ajenos mientras se camina hacia situaciones parecidas a aquella hitleriana de la solución final, tal es el devenir de la sanidad cantonal de esta ex-España. Mentirosos titulados y con quinquenios de experiencia en el fraude y el engaño afanados en el ejercicio de su única habilidad personal y colectiva. Y rebaños de adoctrinados seguidores que no solo no se plantean como acabar con esa situación, sino que su única obsesión es que no ganen los otros y así mantener sus pesebres.
Preguntado don Manual Azaña sobre su preocupación por el posible fracaso de la Republica, contestó el Presidente: “No me preocupa el fracaso de la Republica, me preocupa su envilecimiento”.
Aquí, hoy y por todos, o casi, la preocupación generalizada de quienes debieran trabajar por sus conciudadanos es sobre cómo incrementar la dependencia envilecedora de todo un país respecto del dinero y como participar de la corrupción institucionalizada.
Viniendo de la France, de mi envidiada Francia, solo me resta desear que alguien, aquí y en algún momento no muy lejano grite, en cheli o en andaluz, en catalán o en vasco…..”Aux armes citoyens, formez vos bataillons”