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Si toda la actividad política que los zapateristas han desarrollado estos últimos años hubiese sido acertada, en consonancia con lo que predicaron, alejada de la corrupción económica y conceptual, austera en lo secundario, generosa en lo social y ejemplar en lo personal y colectivo seguirían mereciendo el rechazo de sus votantes por haber hecho de la fiscalidad el mecanismo de transferencia de rentas del trabajo hacia las rentas del capital más persistente e injusto que gobierno alguno jamás acometió en España.
En estos años, tanto en época de inflado, como en los de estallido de la burbuja económica, en todos ellos, la concepción fiscal con la que ha trabajado el Psoe zapaterista ha consistido en recaudar ingresos que mayoritariamente procedían del bolsillo de los trabajadores, para dirigirlos vía inversiones megalómanas o incrementos de tarifas de los servicios sometidos a autorización administrativa, -luz, gas y en cierta forma los combustibles-, a los bolsillos de los plutócratas y ladrilleros que gozaron, y aun gozan, de su amparo.
Sabiendo que el reparto de la renta nacional ha seguido escorándose hacia las rentas del capital en mayor proporción con que lo hizo en tiempos de Aznar, hasta alcanzar la mas desequilibrada relación que en la Europa de los 15 se da, -55% de la renta nacional para el capital y el restante 45 % para las rentas del trabajo-, los ingresos fiscales por impuestos directos, los que tienen en cuenta la realidad económica del sujeto pasivo, han tenido una evolución tal que en 2010 los impuestos ingresados por el Estado procedentes de aplicar la actual fiscalidad a ese 55 % de la renta nacional que acaba en manos de los que más tienen solo representó el 22,3% del total de ingresos por impuestos directos, mientras que el 45 % de la renta nacional que acabó en manos de los trabajadores aportó a la hacienda pública el 77,7 %, según consta en el avance de la liquidación del presupuesto del citado año 2010.
No contentos con ese desequilibrio esquilmador de las rentas del trabajo, para este 2011, el zapaterismo, en su presupuesto de despedida y cierre ha previsto que los ingresos fiscales por IRPF se incrementen nada menos que un 5,9 % respecto a los ingresos de 2010 a pesar de la disminución que las rentas del trabajo vienen sufriendo a causa del brutal e incesante incremento del paro y la consiguiente reducción de los costes laborales. Por el contrario, la previsión presupuestaria del zapaterismo respecto a las rentas del capital, -el impuesto de sociedades-, prevé una disminución de los ingresos fiscales por ese concepto cifrada en el 20,7 %.
Huelga decir que necesitando el estado español incrementar los ingresos fiscales a fin de atender a las obligaciones contraídas, toda la derecha europea, incluido el zapaterismo, han optado por reducir gastos solo en las aéreas sociales, -sanidad, educación, pensiones, servicios sociales y dependencia-, mientras dejan intactos todos los gastos y transferencias que engordan a los que han provocado la crisis, banqueros y ladrilleros, renunciando a “reformar” el desequilibrio fiscal, ese que favorecido por Zp desde su primer presupuesto del año 2005 quedó identificado para los restos al significarse como lo que son, derechistas con disfraces de social-liberales, al bajar el tipo aplicable a las Sicav´s del 3,5 % al 1 %, cuando esas sociedades son un invento fiscal de Aznar a fin de facilitar la elusión fiscal a los grandes plutócratas españoles.
Hoy, cuando la realidad demuestra que el capital cotiza a un tipo medio efectivo del 10 % y las rentas del trabajo al 23 %, desde la gestión fiscal del zapaterismo se prohíbe perseguir a los grandes defraudadores, esos que formando parte del Ibex-35, defraudaron, ellos solitos, más de 42.000 millones de euros solo durante el año 2010, según ha demostrado un reciente estudio de la asociación de inspectores fiscales.
Razón de más para aquellos que sintiendose y siendo gente de izquierda, “botarles” de una vez por todas.
Mientras que el zapaterismo triunfante, allá por el 2004, llevaba en su genética el rechazo al control y regulación de todo lo relacionado con la economía, -tal y como se ha comprobado brutalmente desde mayo de 2010-, en su mismo ADN sectario se alojan infinidad de cromosomas cuya única función es limitar, reducir, controlar, intervenir y condicionar la vida de los demás en base a prohibiciones generalizadas, desde las más estúpidas a aquellas otras que inciden vital y económicamente en la capacidad de libre decisión de los ciudadanos sobre su forma de vivir y de actuar en muchos aspectos de la vida diaria.
Así, durante estos siete años y medio de zapaterismo, nunca nadie se preocupó por el precipicio en el caía y cae el empleo, o los salarios, o las condiciones laborales, ni menos aun por el gravísimo deterioro que está sufriendo la sanidad en España, que de no ser por la entrega de los admirables trabajadores del sistema, pudiera ser que estuviésemos ya en niveles de pandemias que solo se dan en el tercer o cuarto mundo.
Por el contrario, y encabezando una campaña de intromisión en vida y costumbres ciudadanas, la de la Vega se lanzó a prohibir el tabaco, no en edificios publicos que pudieran estar bajo su jurisdicción, no, impuso, primero la separación de espacios en los locales de pública concurrencia, para al poco tiempo y tras haber efectuado los propietarios los correspondientes gastos de adaptación, obligarles a impedir que se fumase en todo local cerrado. Y todo bajo la falsa explicación de velar por nuestra salud.
Dicen que ha bajado el número de fumadores de forma apreciable, lo cual indica que los más recalcitrantes de los que se mantienen adictos al tabaco deben estar fumándose lo que ya no nos fumamos los que lo hemos dejado, puesto que los ingresos fiscales por venta de tabaco no han descendido, como tampoco lo ha hecho la incidencia del cáncer de pulmón en los ciudadanos españoles a tenor de lo que demuestran las estadísticas oficiales del sistema de salud público.
Para qué hablar de los cambios en los límites de velocidad máxima en las carreteras españolas a fin de conseguir ahorros energéticos y de vidas, objetivos ambos debieron tener poca importancia si atendemos a la duración de la medida de reducción implantada, pero sí merece ser recordada la llamada ley Sinde(cencia) sobre descargas por Internet, ya que tal medida, punitiva en cuanto a sanciones y restrictiva en cuanto el libre uso de la red, solo respondía a los intereses de la anterior cúpula directiva de la Sgae comandada por Teddy Bautista y otros colegas de juergas e intereses de la Ministra.
No hay que extenderse mucho para elaborar una foto fija sobre la identidad de la política que respecto a la juventud ha tenido el zapaterismo. Halagos en periodos electorales y desprecio y maltrato en el resto de las legislaturas.
Subidas de tasas universitarias que dificultan el acceso a ella en igualdad de condiciones, encarecimiento de la vivienda respaldado oficialmente que impide la emancipación de los jóvenes, desregulación del llamado mercado de trabajo con el consiguiente incremento de la precariedad y de la inseguridad laboral, el 50% de los jóvenes en paro, de los cuales el 80 % sin cobertura alguna por desempleo, y rizando el rizo en su afan de intromisión ridicula en la vida de los jóvenes han llegado a prohibir el botellón. En resumen, el zapaterismo ha conseguido que la que según ellos era la generación mejor preparada de nuestra historia haya pasado a ser la primera que ve como su futuro, si es que lo tiene, será indefectiblemente peor que el de sus padres.
Zapatero y sus infames, han conseguido en solo siete años que, al contrario de lo que sucedía antaño, cuando la odiosa dictadura, España exporte ingenieros y médicos e importe albañiles y camareros. ¡Como para votarles!
Tras unos días sin mucha salud, que no sin memoria, vayan por delante cuatro razones más, cuatro, por las que estos zapateristas merecen ser “botados” al más profundo de los abismos políticos.
11ª: La política de personal: Nunca, ni en los tiempos de Roldan, pudo la gente de izquierda sentir tanta vergüenza ajena como con el elenco de incompetentes, rufianes, starlettes, pijos, advenedizos y comisionistas que este tiempo de infame de zapaterismo nos ha proporcionado. José Luis Balbás, Eduardo Tamayo, Teresa Sáez, Antonio Hernando, Pedro Sánchez, la Trini, la Pajin y la Aido, Cesar Antonio Molina, la Sinde, la Corredor, la de la Vega, el Corbacho,el Sebastián y su “socia” la Garmendia, y como guinda final de la tarta de despropósitos, el Pepiño, el, por ahora, último ministro sospechoso de negociaciones prohibidas a cargo público.
12ª: La política sindical: entiendo que como elemento de demostración de la nefasta e interesada política de relaciones con los sindicatos que ha mantenido el zapaterismo solo es necesario mencionar el desapego y descredito en los que los sindicatos de clase -de clase alta-, han caído. Desde Moncloa y desde la calle de Alcalá se ha impuesto como único elemento de relación con los sindicatos el numerario, el del dinero público que en ayudas subvenciones y “negocietes” consentidos se ha venido regalando a las cúpulas sindicales a cambio de su silencio ante los crecientes ataques que desde los gobiernos zapateriles se han aplicado a los trabajadores españoles.
13ª: La política de empleo: De empleo que no de paro, a la cual dedicaré una más extensa atención en su momento. Todos los ministros que de Trabajo han sido en tiempos de este iluminado leonés, solo y exclusivamente han sido capaces de concebir una forma de apoyar la generación de puestos de trabajo, el destinar crecientes cantidades de recursos públicos a las arcas de los empresarios, los cuales, además de no crear empleo sino todo lo contrario, consiguieron que se les rebajasen las cuotas patronales de la seguridad social.
Ni por un momento la administración zapaterista contemplo la posibilidad de dar ejemplo incrementando su reducida plantilla de trabajadores, que no de asesores partidarios. Nunca en la oferta de empleo público se superó el número de puestos de trabajo amortizados, transferidos o vacantes. También en esto, el zapaterismo es aquello de….hazlo tú que a mí me da la risa, o sea dejación de lo público excepto del dinero.
14ª. La política sanitaria: Teniendo en cuenta la absoluta dispersión y diversidad que ha sufrido el sistema sanitario español al ser transferidas estas competencias a los taifas autonómicos, pudiera pensarse que poco o nada de responsabilidad queda en manos del gobierno central y que por lo tanto poco o nada cabe criticar. Pero no es así.
Recuerden el famoso asunto de la gripe A, el famoso bichito N-1H-1, pandemia que iba a diezmar a la pujante población española, por lo cual y para impedirlo nuestra entonces ministra de sanidad, la frívola,-excepto para los negocios-, Trinidad Jiménez, se ventiló nada más y nada menos que seiscientos millones de euros en vacunas, que a decir de la clase médica eran tan ineficaces como innecesarias y hasta peligrosas. Pero….¿qué más da si el negocio fue redondo para los laboratorios farmacéuticos, concesionarios de la licencia de fabricación, que como todos sabemos, suelen ser atentos y generosos con aquellos que más recetan sus medicamentos?.
La controversia sobre cómo salir de la crisis está servida pero en lo que no hay discrepancias es en que el origen de la misma ha sido el mantenimiento y el apoyo gubernamental a la construcción como principal agente de actividad económica.
No es imputable al zapaterismo el origen del ladrillismo y de los pelotazos inmobiliarios que durante años inflaron el ego de especuladores y comisionistas haciéndonos sentir que éramos los reyes del mambo económico mundial, pero si se le ha de cargar en el debe del cadáver zapaterista, en su inmenso debe, el mantener, apoyar y promover una actividad que impedía poner firmes soportes de desarrollo sostenido y sostenible para el futuro.
Así, la planificación territorial fue orillada antes los intereses locales de fáciles ingresos y rápidas ganancias, se despreciaron actividades generadoras de empleo y valores añadidos permanentes y todo se supeditó a los intereses de los poderosos del ladrillo.
De otra parte, la política de infraestructuras públicas se contagio de la falsa grandilocuencia que los temporales ingresos fiscales originados por la construcción residencial generaban al Estado, por lo que se acometieron obras absolutamente desmesuradas cuando no absurdas y condenadas al fracaso.
52 aeropuertos en España cuando en Alemania hay 8, puertos deportivos en cada pueblo costero cuando España es el país con la relación más baja de entre las europeas de embarcaciones de recreo por kilómetro de costa, y el nº uno en km de líneas de alta velocidad cuando eso sí, tenemos la red de carreteras libres más obsoleta y menos cuidada de la E-15.
¿Que demuestran estos intencionados desatinos? La servidumbre de la gestión política a favor de los intereses de los poderosos del dinero, la corrupción generalizada que esas actitudes han originado y el consiguiente desamparo de la inversión en el mantenimiento del estado de bienestar.
En paralelo, tal frenesí ladrillista ha tenido como indeseable acompañante un daño tal al medio ambiente que será imposible recuperar lo perdido. Ciudades invivibles, eriales convertidos en colmenas de viviendas fantasmagóricas en perdidas estepas, semi-desiertos consumiendo ingentes cantidades de agua a fin de ofrecer el espejismo de praderas de golf y costas absolutamente arrasadas por la fiebre de la especulación.
Las leyes urbanísticas locales y autonómicas pisoteadas y mercadeadas por corruptores y corruptos, la ley de costas ignorada, cuando no simplemente aplastada vía hechos con el consentimiento de todas las administraciones, los vertidos, incontrolados, la gestión del agua sometida a intereses de empresas sin escrúpulos y de servidores públicos venales y los ríos y mares en trance de ver como desaparece la vida de su seno.
Si el futuro se acabase concretando en esos cuadros de oscuridad y agobio con la que nos lo pintan cada día más películas de ciencia ficción, hemos de aceptar que el zapaterismo ha asfaltado un buen trecho del camino que conduce a tan tétrico futuro.
En ocasiones, al zapaterismo se le ha asociado el término estupidez como calificativo del resultado de una acción política que pretendía lo contrario de lo deseado y una de esas ocasiones en las que ha estado y está más que merecida esa asociación es con el resultado obtenido en la aplicación de la Ley de Dependencia.
Es ejemplo de estupidez digna de mención lo sucedido con una buena, necesaria y aplaudible idea por la cual el estado en su obligación por velar por la salud y la calidad de vida de sus ciudadanos se ocupe de aquellos que por edad o por enfermedad o por ambas circunstancias se ven altamente disminuidos en sus capacidades físicas, de forma tal que precisan de ayuda de otros y/o rehabilitación síquica o física.
Esta magnífica idea se concretó en una ley que nació con errores tales que han condicionado y condicionan el autentico fin de la misma. Esta ley nació con el tremendo error de encomendar a las comunidades autónomas la aplicación de la misma, estableciéndose a posteriori una formula de reparto de los costes por la cual quedaba en manos de los gobiernos autonómicos la decisión final de reconocer individualmente el grado de dependencia de los ciudadanos de su región y de aplicar las ayudas, variadas y no solo económicas, que en la Ley se contemplan.
De este inmenso error, -se rehuyó el atender la dependencia de forma centralizada a fin de asegurar la igualdad en las calificaciones y en las ayudas, como se hace con las pensiones-, se ha llegado, como no podía ser de otra forma, a la impresentable situación actual, situación que de forma resumida conjuga desatención a la mayoría de los dependientes, desigualdad en las ayudas, no aplicación de las mismas a pesar de haber sido reconocidos los derechos individuales por los correspondientes servicios de calificación y finalmente suspensión en el pago de las prestaciones escudados los politicos en la situación de crisis económica.
La comunidades autónomas del PP no ocultan el boicot a la aplicación de la ley, las autonomías gobernadas por el Psoe, -ya solo Andalucía-, acumulan retrasos incontables en el reconocimiento y en el pago. De las primeras, muchas se niegan a pagar aduciendo la falta de pago de la parte que debía aportar el gobierno de la nación, este aduce que son ellas las que tienen que adelantarlo y como resultado de todo este lio de camarote de los hermanos Marx, los ciudadanos dependientes siguen sin poder ejercer el derecho de acceso a unos servicios y ayudas que la ley debiera proporcionarles.
Si no fuera suficiente lo anterior para “botar” a estos incompetentes zapateristas, unos y otros han optado por generalizar solo la ayuda económica por asistencia de tercera persona, de tal manera que aquellos que la reciben, los menos, ven como no pueden acceder a los servicios de rehabilitación y recuperación junto al resto de sus conciudadanos dependientes, por la sencilla razón de que esos servicios no existen, ya que nadie, ni de una administración ni de otra, se han ocupado de la que es la centralidad de la razón de ser de la ley, habilitar mecanismos que permitan a los ciudadanos dependientes rebajar su nivel de dependencia.
Ya ven como una buena idea, un buen mecanismo de ampliación del estado del bienestar, se convierte en otro elemento más de diferencia en el ejercicio de los derechos ciudadanos según se viva en una región u otra, al tiempo que se comprueba, otra vez, como los derechos básicos se someten a vaivenes económicos y a voluntades particulares y políticas que debieran estar sometidas al mandato de la ley.