martes, 1 de julio de 2008

UN NEOLOGISMO

En tiempos en los que aquellos que hasta el idioma quieren utilizar para confrontar, y hay quien se manifiesta haciendo manifiestos para defender el idioma, atacando a “manifiestazos” a quien no se sume a su algarada, no está de más reclamar, con mesura, que aquellos que están en la obligación de comunicar a la ciudadanía qué quieren, qué opinan, qué pretenden y qué hacen por nosotros, -los que están y viven de la política-, utilicen el lenguaje en la forma establecida por los que legítimamente determinan la significación de todas y cada una de las palabras que componen nuestra lengua castellana.
Esta demanda sí que debiera ser objeto de pacifico manifiesto, ya que son tantos y tan grandes los abusos y desviaciones degeneradas que el idioma está sufriendo por la mala e interesada utilización de los políticos, que me temo que ha llegado el día en el que dos y dos ya no son cuatro en la lengua de Cervantes.
Si a lo descrito se suma la cantidad de metáforas, excesos verbales y simples burradas que en los recientes tiempos se están amontonando en el haber del vocabulario practico, real, de la política, tendremos, como tenemos de forma oficial, que una crisis ya no es una crisis, es una desaceleración económica, que el incremento de parados no es tal, es freno en la creación de empleo, que la crisis de ladrillo, derivada de los abusos cometidos, es para ellos un ajuste temporal de la actividad, y finalmente, en algún punto hay que parar, las subidas gubernamentales de tarifas es una simple adecuación a los costes de producción.
Como se puede comprobar, el pan ya no se llama pan y por supuesto al vino habrá quien lo llame fermentado de la uva. Es mas que evidente que la molicie social, política y mediática de este país facilita la implantación de la degradación y degeneración no solo verbal, sino conceptual de las palabras y de las ideas que con ellas se transmiten, pero mientras haya a quien su modernidad nos resbale, nunca podrán conseguir que su metalenguaje nos confunda.
Los que queremos seguir respetando el lenguaje y las ideas que determinados conceptos contienen, libertad, solidaridad, igualdad, verdad y justicia, vamos a seguir llamando nepotismo a la práctica del amiguismo que en el acceso a cargos públicos y orgánicos se ejerce. Llamaremos mentirosos a los que usan la falsedad y el engaño como método para disfrazar la realidad. Llamaremos corruptos a los que usan su posición dominante o de poder delegado para trepar social y económicamente. Llamaremos dictadores a quienes usan resortes de poder para condicionar opiniones y actuaciones de terceros, a los que así limitan su libertad. Llamaremos traidores a quienes aireando señas de identidad tan añejas como respetables ocultan tras ellas metas y formas radicalmente opuestas a lo que manifiestan. Llamaremos mediocres a todos los que callan y ocultan o niegan capacidades a fin de no molestar a aquellos que, menos preparados aun, recelan de los eficientes.
Pero si quisiéramos economizar calificativos, al conjunto de todo lo anterior habría que denominarlo zapaterismo.

lunes, 30 de junio de 2008

SIN QUE SIRVA DE PRECEDENTE

Por una vez, hay que estar, guste o no, con la mayoría. Por una vez y aunque sea a causa del “fumbol”, que dice el Forges, hay que aceptar la resaca de la victoria de la selección de futbol y dejar la política y sus cuitas para el resto de los días del año, que son demasiados, si se atiende a las satisfacciones esta que da.
Por ello, y a diferencia de la del 64, esta copa deportiva se ha podido disfrutar en libertad, y en esa libertad hay que entender y compartir la alegría de aquellos que en ese deporte depositan afinidades y hasta sentimientos. De todo ha de haber, y mientras no se coarte la libertad de otros, es digno de respetar.
Desde la distancia de un seguidor nada futbolero……… ¡campeones, campeones, oe, oe, oe!

domingo, 29 de junio de 2008

NOTA DOMINGUERA

Desconozco si alguno de los periódicos de provincias (con perdón) incluye a semejanza de algunos de los llamados nacionales entrevista con personaje o personajillo de la política, pero casualmente, -la contraprogramación impera-, El Pais regala a Zp todo un cuadernillo central, el ABC contiene una entrevista a Felipe González y como no podía ser de otra forma El (in-)Mundo, nos presenta la mejor cara, la de bruja, de la lideresa del PP, la Espe.
En caso de que algún lector se interese por alguna de ellas o por todas, aconsejo empezar por la de la Espe, continuar por la de Zp y acabar por la de González, ya que despues de finalizar la segunda de ellas se inicia un camino ligeramente ascendente en lo político y en lo intelectual.
De doña Espe, nada que decir más allá de su conocida posición ultraderechista, de don Zp poco que decir sobre los lugares comunes que repite cual papagayo político incapaz de encontrarse a sí mismo en la socialdemocracia y de Felipe baste decir que se mantiene en su brillantez pero cada día más acomodado en la frontera izquierda-derecha. En resumen nada nuevo y menos aun, sorprendente.
Si merece destacarse el calificativo que don Zp asigna a la directiva sobre el retorno de inmigrantes, la que habilita la legalidad para el establecimiento de múltiples Guantánamos europeos. La califica de progresista.

Dejo a la libertad del lector el calificativo que merece quien así a esa ley califica

sábado, 28 de junio de 2008

APUNTE SABATICO

Se cumple hoy un año que di comienzo a este blog y en los últimos días había considerado en serio la opción de cerrarlo, pero como los dioses, el destino, la casualidad o que simplemente no estaba muy por la labor de considerar que ya lo había dicho todo, me he agarrado al clavo ardiente de un hecho que aun siendo remarcable no deja de ser anecdótico. O no, ya veremos.
Este hecho no es otro que Joaquín Leguina se ha atrevido a decir que el zapaterismo es humo, que el neo socialismo que ventean es vacio nada sideral, sino terrenal, rastrero, y que lo que ellos llaman nuevo, novedoso, actual y/o moderno, es el paño más viejo del mercantilismo político, y ha cerrado su denuncia aconsejando al PSM que se mantenga seguro situándose lejos del jefe y su mulo.
Y como todo esto, que con su buen decir, es coincidente al cien por cien en la dirección y sentido de lo que a lo largo de este ultimo año vengo, con menos brillantez, aquí diciendo, es por lo que entiendo conveniente persistir en las denuncias, por mucho que con Joaquín y con otros más que por ahí pueda haber, hubiéramos, a la postre, diferencias tácticas más o menos significativas, pero que si él y yo, y todos aquellos que entendemos el socialismo como vía exclusiva hacia la igualdad, hacia la solidaridad y hacia el progreso social, habríamos que concluir que coincidimos en lo fundamental, y esta esencia entiendo que pasa por un primer e imprescindible mojón, denunciar hasta desalojar del poder en el Psoe a estos incendiarios de paja mojada, esa que con su humo de grandilocuentes palabras secuestradas de la historia del partido sirven a quienes son, han sido y seguirán siendo los adversarios políticos, económicos y sociales de la libertad, de la solidaridad y de la igualdad.

jueves, 26 de junio de 2008

MANOLO MANOSTIJERAS

Tanto por su contenido, esclarecedor sobre el neo socialismo “chavizta” en Andalucía, como por haber sido censurado por la Consejería de Empleo de la Junta de Andalucía, reproduzco un artículo de Juan Torres López titulado “Calidad del empleo en Andalucía: causas, expresiones y remedios”
En los últimos decenios se han venido produciendo cambios muy importantes en los mercados laborales que han llevado consigo efectos así mismo muy relevantes sobre las condiciones de trabajo y, en consecuencia, sobre el bienestar general de nuestras sociedades.
Los conflictos sociales y la crisis productiva de los años setenta generaron un enfrentamiento directo entre los diferentes sectores y clases sociales y entre los gobiernos y organizaciones que los representaban a la hora de ofrecer alternativas al conjunto de la sociedad.
Como es bien sabido, fueron las fuerzas más a la derecha (las que estaban detrás de la “revolución conservadora” inicialmente liderada por Margaret Thatcher, Ronald Reagan y Juan Pablo II, cada uno en su respectivo ámbito de actuación) las que resultaron claramente triunfadoras. Aplicaron con dureza (y en algunos países incluso con sangre y crímenes de estado) medidas orientadas a disminuir el poder sindical, a fortalecer la dinámica del mercado y a renunciar en la mayor medida de lo posible a la intervención del estado. En el ámbito de la política macroeconómica se cambió su orientación para pasar a privilegiar las medidas antiinflacionistas que implicaban control salarial y políticas monetarias muy restrictivas que eran las más claramente favorables a los propietarios de capital. Y, paralelamente, se renunció de facto al objetivo del pleno empleo, provocando un alza generalizada del paro, algo que en realidad se iba buscando, pues gracias al desempleo se podía disciplinar las reivindicaciones de los trabajadores y hacerlos más dóciles a la hora de aceptar las condiciones laborales cada vez más deterioradas que se les iban a imponer. El que fue ministro de economía español, Carlos Solchaga, lo reconoció claramente en su libro El final de la edad dorada (p. 183): "La reducción del desempleo, lejos de ser una estrategia de la que todos saldrían beneficiados, es una decisión que si se llevara a efecto podría acarrear perjuicios a muchos grupos de intereses y a algunos grupos de opinión pública".
La liberalización de los mercados internacionales, la desaparición de las barreras proteccionistas (salvo las que imponen frente a los países pobres las economías más ricas del mundo) y el establecimiento de un orden institucional que permite la deslocalización de las empresas para que éstas se sitúen allí donde puedan encontrar salarios o impuestos más favorables, desarmaron a las clases trabajadoras, que veían cómo sus demandas de mejores condiciones de empleo (o simplemente el mantenimiento de las que había hasta ese momento) no provocaban más respuesta que la estampida de las empresas hacia otras latitudes.Las reformas laborales crearon el marco jurídico que ampara todos estos cambios y el individualismo y el ensimismamiento promovidos por los grandes aparatos de conformación de la mentalidad social forjaron un ambiente y un clima moral en donde cada uno tiende a buscar aisladamente solución a sus problemas laborales en lugar de encontrarla en las redes o en los grupos sociales organizados. En ese caldo de cultivo no podía crecer sino un tipo de empleo cada vez más precario, inestable, desigualador y de bajo salario. De peor calidad.
Andalucía no ha podido ser ajena a esos cambios y por eso nuestro mercado laboral presenta también (e incluso en mayor medida que el español en su conjunto) los rasgos típicos del empleo neoliberal de baja calidad de nuestra época.
Para hacerse una idea de la situación comparativa podemos partir del porcentaje que nuestra población representa sobre el total español: el 17,4%. Un porcentaje en torno al que tendrían más o menos que estar el resto de indicadores laborales.
Pero no es así. Según los datos del Instituto de Estadística de Andalucía (febrero de 2008) nuestro peso es menor en cuanto a ocupados (15,73%) y sobre todo en ocupadas (14,61%) o en afiliados a la Seguridad Social (14,34%)
Y, por el contrario, es mucho mayor el porcentaje de parados andaluces sobre el total nacional (27,19%) puesto que nuestra tasa de paro es casi seis puntos superior a la total y ocho en el caso de las mujeres.En Andalucía también es considerablemente más alta la temporalidad como demuestra el que un 42,6% de los asalariados tienen contrato temporal frente al 30,9% nacional.
Y aunque en Andalucía están solamente el 15,7% de los ocupados españoles, aquí se produjeron en 2007 el 19,5% de los accidentes laborales y el 16,3% de las muertes por este concepto, lo que indirectamente indica que las condiciones materiales de trabajo son aquí algo peores que en el resto de España.Los salarios también son más bajos en Andalucía que en el conjunto nacional. Según las estadísticas tributarias que elabora el Ministerio de Hacienda, en 2006 los asalariados andaluces recibieron un salario medio equivalente al 82,86% del nacional, y al 79,78% en el caso de las mujeres. Siendo, además, nuestro mercado laboral más desigual que el nacional, que ya es de por sí el más desigual de Europa: las mujeres andaluzas tienen un salario medio equivalente al 66,49% de los hombres, frente al 69% para el conjunto nacional.
Una buena muestra de la peor situación salarial en Andalucía es que aquí se encuentra el 24,79% de los trabajadores españoles que ganan menos de la mitad del salario mínimo o alrededor del 21% de los “mileuristas” españoles, según las mencionadas estadísticas tributarias.Es significativo, por ejemplo, que, según la Encuesta de Condiciones de Vida del Instituto Nacional de Estadística (2005), el porcentaje de personas que hayan cambiado de trabajo en el último años por finalización del contrato sea mayor en Andalucía (29,7%) que en el conjunto nacional (26,8%) y menor el que lo hizo para conseguir un empleo más adecuado (31,7% frente al 38,9%). Incluso se deduce que son peores las condiciones de conciliación entre la vida laboral y personal si se tiene en cuenta que por razones de cuidado de hijos o matrimonio cambiaron las condiciones de trabajo en Andalucía el 1,5% de las personas y el 0,9% en España en su conjunto.
Esta baja calidad en el empleo, provocada por las razones apuntadas, es mayor en Andalucía que en el conjunto español por dos razones principales y me parece que evidentes aunque a veces no se quiera reconocer: porque veníamos de una peor situación relativa desde hace decenios, y porque la economía andaluza se ha consolidado como un enclave periférico respecto al entorno global en los últimos tiempos.Pero siendo aquí peor la situación, no puede pensarse que sea exclusiva de nuestra tierra. Como se deduce de lo que he expuesto más arriba, la baja calidad del empleo es un problema global que se está generando como resultado de la muy desigual pauta de distribución de los frutos del crecimiento económico (extraordinariamente favorable al capital) que se ha consolidado en los últimos años.Por eso, y guste o no decirlo, para luchar contra la precariedad y para lograr que el empleo fuese de mayor calidad sería preciso que se modifique la actual correlación de fuerzas en los mercados y que los gobiernos representativos tuvieran voluntad y posibilidades de hacer frente al poder hoy día incuestionable de las grandes empresas. Y para ello no hay otra manera de actuar que no sea a escala global puesto que ningún país podría defenderse sin provocar una huída masiva de los capitales a otros espacios.Pero eso no quiere decir que a los andaluces no nos quede más que esperar a que vengan mejores tiempos y condiciones globales más equitativas. Todo lo contrario. Incluso para evitar que la situación pueda ir deteriorándose, es imprescindible que Andalucía luche contra corriente, principalmente, huyendo de los modelos de crecimiento empobrecedores basados en la producción de bienes y servicios de bajo valor añadido, en la especulación y en la sobreexplotación del medio físico y que la obligan a competir solo mediante salarios bajos.
El gran reto de futuro para Andalucía no puede ser el de mantenerse en la cola de las economías más ricas tratando de avanzar posiciones más o menos a buen ritmo porque las más poderosas y potentes lo son gracias precisamente a que existen periferias como la andaluza.
Andalucía no debe tratar de correr más, sino que debería elegir otro ritmo y tomar otro camino: el que da la vuelta al imperativo empobrecedor que durante siglos han impuestos las clases dirigentes rentistas y evasoras para avanzar por la vía del talento social, de la equidad y de la innovación continuada. Desgraciadamente, a Andalucía no le basta con ni le conviene dejarse llevar por la corriente de la modernización al uso en el planeta porque, siendo como es una periferia y dado su atrasado punto de partida, esa inercia la mantendría siempre comparativa y decisivamente alejada de las vanguardias productivas y comerciales, y confinada a un papel relegado entre las economías de su entorno. Por eso no nos ha convenido la oleada de liberalizaciones, la concentración de los mercados que ha hecho más dependientes a nuestras empresas e industrias, la reducción salarial que ha estrechado los mercados internos, el debilitamiento del gasto público que nos resulta más necesario que a otras comunidades y, en general, la sujeción a los criterios neoliberales de la política económica que han sido concebidos para favorecer a los más fuertes, entre los que no nos encontramos.
Frente a todo ello, Andalucía ha de forjar un camino propio, como también es verdad que en buena medida (aunque no en toda la que hubiera sido precisa) se ha intentado desde que goza de autonomía.Eso obliga, en definitiva, a ponerse enfrente de las tendencias dominantes también de las preferencias de los más privilegiados. Por eso es lógico que esas estrategias tengan tan grandes reticencias entre los sectores más poderosos. Y por ello es imprescindible que, como requisito previo e imprescindible, se haya de hacer un esfuerzo especial para concitar consensos y para lograr la fuerza social suficiente que permita ir cambiando la lógica que guía el desarrollo económico y la ética que lo impulsa. Porque, en última instancia, es de ello de lo que depende lo que luego ocurra en los mercados y muy especialmente en el laboral.