
Cuando unos proponen y muchos aprueban la ampliación del periodo de “retención” de los inmigrantes “ilegales” de 40 a 70 días y encima los medios de comunicación alaban los incrementos de seguridad que tal determinación lleva consigo, no he podido evitar retrotraerme a las casi clandestinas lecturas que por los años sesenta y setenta devorábamos sobre como actuaba el nazismo y sus medios de comunicación, los cuales justificaban retenciones de judíos, gitanos, moros y otras razas “inferiores”, pero entonces lo llamaban “internamientos”. Más tarde, en esa misma linea de degeneracion linguistica, a las salas donde los gaseaban las llamaban duchas colectivas.
Hoy, cuando la prostitución del lenguaje es masiva y general, y por ello, como mantuvo George Orwell, estamos en la antesala del autoritarismo, solo cabe acudir al diccionario para a estos filo-fascistas llamarlos como nos dé la gana a cada uno de los que nos sintamos solidarios con los que eligen ser “retenidos” antes que muertos de hambre.
Y es que hoy hay que ser coherentes con nuestra historia, con nuestros emigrantes y con aquellos que, con más dificultades sociales, económicas y políticas que Zp hoy y aquí, actuaron de forma bien diferente. Me estoy acordando de don Lázaro Cárdenas y de su esposa doña Amalia, recientemente fallecida, en el Méjico de 1939 y 40, que se jugaron el tipo, su prestigio, su patrimonio y su futuro ayudando a los que necesitaban solo una mano amiga para iniciar alli una nueva vida, porque de nuevo aquí, esta vez a los inmigrantes del sur, le es negada tal posibilidad por los herederos sanguíneos y políticos de los del fuhrer, del caudillo y del duce.
Antaño, Don Lázaro y doña Amalia, se ganaron el respeto y la más alta dignidad que la historia les otorga a quienes hacen de la solidaridad y la proximidad al más débil la razón de ser de su existencia, dignidad que esa misma historia, la que enorgullece a la raza humana, la única existente, negará a estos inhumanos mequetrefes.
No sé si nos abocarán a otra noche de los cristales rotos, pero como sé que antes o despues, segun Brech, vendrán a por mi, que tengan por seguro que me tendrán enfrente y preparado.
Aunque confieso que me gustaría no estar solo.
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