miércoles, 11 de mayo de 2011

LAS COSAS, COMO DIOS MANDA

Digo yo que tras tanto leer sobre qué es lo que por aquí tenemos y que es lo que dicen que pasa, la síntesis que sigue no debe estar muy lejos de la realidad que, día tras día, en este país sufrimos los que tenemos otro concepto muy diferente del oficial sobre lo que debiera ser, y no es, esta su democracia. Vean:
En la casa real, dicen, que quien corta el bacalao es doña Leti. En la justicia, el mangoneo lo lleva la asociación conservadora de jueces y magistrados. La banca es la que impone la política económica nacional. Las aseguradoras son quienes mandan en la política sanitaria y de protección social. La iglesia católica en la política educativa. Obama y la Trilateral en las relaciones exteriores. La CEOE en la política laboral y de empleo. Las eléctricas son las que definen la política energética y sus precios. Las constructoras establecen e imponen la política de ordenación territorial y de infraestructuras. En el ejército quien manda no son los generales, son los lobbys armamentistas yankees. En la industria nacional, el turismo, los tour-operadores extranjeros. Los terratenientes en la política agrícola y ganadera. En la pesca quien manda es el moro Mohamed. La Sgae en la política cultural y sus precios.

Y para que todo cuadre….la AVT pretende que la política antiterrorista se adapte a sus bolsillos, perdón, a sus deseos.
Siendo esto así, no me parece superfluo recordar que estamos en 2011, que hace treinta y seis años que murió el dictador, que dicen que estamos en democracia pues votamos cada cuatro años, y que del pueblo emana el poder, y por lo tanto nosotros y nuestros representantes, son y somos soberanos.
Por lo que empantanados en esta situación a la que nos han traído, creo que tenemos la obligación de añadirle una enorme, descomunal, magnifica y aplastante mierda que invada, inunde, asfixie y para siempre estigmatice a todos los partidos políticos que diciéndose democráticos y defensores de la Constitución consienten, mantienen, promueven y defienden la corrupción económica, mental, política y social en que nos han metido para su exclusivo provecho.
Menos mal que en unos días hay elecciones y todo cambiará para mucho mejor…..de los de siempre.

martes, 10 de mayo de 2011

CAMPAÑAS CONTRA LA DIGNIDAD Y LA VERDAD





Nada importa, o eso parece, que los que dicen regirse por leyes, los estados de derecho, se conciten para asesinar a un terrorista, inscribiéndose así, ellos también, en la creciente lista de asesinos.
Nada importa que se desborden las legiones de fanáticos del crimen que pululan a ambos lados del atlántico jaleando la práctica de la más denostada y al tiempo más practicada ley, la del Talión.
Nada importa, o eso parece, que esos mismos estados de derecho, agrupados en otra guerra no declarada, de las ya conocidas como “intervenciones en defensa de la población civil”, no tengan tiempo para atender a un pequeño barco, dejando que naufrague cargado de esa misma población civil que huye de los ataques de quienes están en guerra contra su antiguo amigo, el “extravagante” Gadafi.
Nada importa que en esa misma guerra, perdón, intervención humanitaria, vuelvan a bombardear los palacios del sátrapa libio, en otra clara demostración de “humanitarismo selectivo”.
Lo que evidentemente si importa, y mucho, es eso de la campaña electoral, ya que ni punto de comparación tiene el grado de afectación que la guerra y las campañas electorales tienen, respectivamente, sobre los intereses “nacionales”.
La “intervención humanitaria” en la petrolifera Libia, como la participación en “la lucha contra el terrorismo internacional” en el país del gas natural, Afganistán, son apuestas de futuro que de salir bien y a decir de Aznar, antaño, y de Zp, ogaño, nos proporcionarán prestigio internacional y energía abundante y barata, pero……pero lo que estas “hazañas bélicas” de botijo y pandereta nunca podrán aportar, como lo hacen las campañas electorales, es empleo y seguridad a miles, cientos de miles de selectos ciudadanos españoles e incluso a algún que otro extranjero residente.
Ya sabemos que nuestras bombas, las que estamos lanzando a libios y talibanes, son pocas y matan menos, y que por mucho ardor guerrero que las explosiones produzcan en el patrioterismo facha o progresista, nunca serán lo rentables que son, para los de la clase política española, una buena campaña electoral, ya que del resultado de ella dependen decenas de miles de puestos de trabajo para unos y paro y desesperación para otros tantos.
Si de las diez y siete comunidades autónomas y dos ciudades, autónomas también, celebran (¿?) elecciones trece de las primeras y las dos norteafricanas, estimo que según los datos que he podido recopilar en las webs del ministerio de administración territorial y de las de cada una de ellas, no menos de 150 mil puestos de ¿trabajo? están expuestos al criterio de los votantes.
Si a lo anterior le sumamos, y así hay que hacerlo, los más de 15 mil concejales que perciben retribución regular por su sola presencia en los ayuntamientos y los más de cuarenta mil puestos de trabajo “eventuales” y/o “contratados” que dependen de la “digitalización” de los regidores de turno, obtendremos la bonita cifra de unos doscientos mil pesebres de distinta alcurnia los que están en juego en estas próximas elecciones. Y esto, sras. y sres., estos sí que es serio e importante.
Es por lo anterior que, -sabiendo como todos saben, que la situación social y económica es el desastre que es y que esa impresentable situación es la que sin casualidad alguna todos los de la partitocracia española han provocado deliberadamente-, nadie de ellos se digne en atender a la indecencia que como país estamos cometiendo a nivel mundial, que nadie de ellos se ocupe por la vida de aquellos a los que dicen estar defendiendo a bombazos, y por el contrario, todos ellos se ocupan, faltaría más, de sus solos y exclusivos intereses personales y de casta política, de ahí que para conseguir su seguro de alimentación y prebendas durante otros cuatro años, estén centrando sus mensajes en la explotación interesada del miedo de la gente al presente y de su terror al futuro inmediato.
Creo recordar que era en “Blade Runner” donde el replicante encarnado por Rutger Hauer decía al poli Harrison Ford, “Es duro vivir con miedo, ¿verdad?. En eso consiste ser esclavo”.
En eso nos tienen, en obligarnos, -vía medios de convicción y mediante la propagación del miedo-, a eliminar de nosotros mismos todo vestigio de libertad, de decencia social, de justicia, de valentía y del sentido de la responsabilidad histórica que estados, gobiernos y sociedades tenían hasta el momento en el que se produjo la victoria del capital sobre la dignidad y sobre la verdad.

lunes, 9 de mayo de 2011

LO QUE DICE....ANDRES VILLENA



¿Los mercados son de izquierdas?

Conforme los recortes sociales se hacen sentir en España, y en la medida en que vamos sabiendo que el agujero de la banca es bastante mayor de lo públicamente revelado –lo que supondrá nuevas reformas–, comienzan a aparecer opiniones que reivindican el libre mercado como un valor o incluso una “conquista de la izquierda”. Según este tipo de argumentaciones, una de las cuales fue expuesta hace unos días por el profesor Daniel Innerarity en el diario El País (22-04-11), la libre competencia bien entendida (sin monopolios) representaría un motor fundamental, no sólo para la eficiencia, sino también para la eliminación de privilegios y para “la lucha contra las desigualdades”.
En este sentido, una adecuada política de izquierdas debería tener la finalidad de reformar el mercado para que este funcionara al servicio de los intereses públicos. El razonamiento de Innerarity –claro, ordenado y respetuoso– sitúa a los defensores del Estado del bienestar (tal y como lo hemos conocido) como obstáculos para que la economía española consiga sortear el “riesgo sistémico”, objetivo que pasaría a ser prioritario para todo gobernante responsable en medio de una crisis como esta y en un mundo globalizado.
Estas ideas no son precisamente nuevas, pero quizá no se habían expuesto antes con tanta crudeza desde las filas progresistas. Hace unos diez años, Zygmunt Bauman claudicaba con cierta ironía en La posmodernidad y sus descontentos: “No sólo es que no nos podamos permitir el Estado del bienestar debido a que el número de desempleados inempleables ha aumentado considerablemente, es que no tenemos razón moral para hacerlo”. En Un nuevo mundo feliz, otro referente intelectual de la izquierda, Ulrich Beck, proponía dejar de “financiar el desempleo” y utilizar el dinero de los subsidios para hacer posible que todo el mundo ejerciese un “trabajo cívico”, creativo, familiar o doméstico, que se remuneraría a base de bonos o pensiones. Ambos creían totalmente desfasado el objetivo de volver a una economía con pleno empleo y, por tanto, con una importante redistribución de los ingresos.
Lo que ni Beck ni Bauman nos cuentan profundamente son las principales razones por las que hemos llegado a una situación como la actual, en la que pensar en un Estado social más generoso se ha convertido en una especie de blasfemia, y en la cual intelectuales como Daniel Innerarity pretenden hacer virtud de lo que en realidad representa una terrible debilidad: el retroceso forzado, durante más de tres décadas, de las políticas progresistas basadas en los servicios públicos y en el reparto de la riqueza. Una involución social que resumía hace poco el multimillonario Warren Buffet con una frase lapidaria: “Hay una lucha de clases, por supuesto, pero es mi clase la que la dirige”.
La recuperación del mercado como uno de los valores centrales de nuestra civilización se produce a finales de los años setenta y no precisamente tras un debate entre expertos progresistas sobre lo más conveniente para nuestras sociedades. Los gobiernos socialdemócratas que hicieron frente por la izquierda a la crisis del keynesianismo –laboristas en el Reino Unido, socialistas y comunistas en Francia, etc.– tuvieron finalmente que recular y aplicar una serie de medidas muy parecidas a las actuales: políticas deflacionistas, privatizaciones, recortes sociales… Es importante partir del hecho de que no fue la izquierda la que escogió el mercado a finales del siglo pasado, sino que los cada vez menos regulados flujos financieros tuvieron un enorme peso en el perfil de la nueva socialdemocracia: los Demócratas liderados por Clinton, la Tercera Vía de Blair, el Nuevo Centro de Schroeder o Nueva Vía, para el caso español, todavía en el Ejecutivo.
No representa una casualidad, por tanto, que, en el momento en el que la economía real es la que está suministrando fondos a los negocios financieros privados
–rescate a la banca vía pensiones públicas y fondos de los contribuyentes, rebaja de salarios y protección social, etc.– aparezcan pensadores de izquierdas que realzan las virtudes del laissez faire. ¿Cómo puede ser progresista la defensa del mercado si ha sido su descomunal protagonismo estos 30 años lo que ha multiplicado las desigualdades y la generación de crisis económicas recurrentes?
Parece difícil ignorar la relación existente entre desigualdad, financiarización de la economía y crisis sistémicas. En este sentido, las mencionadas reflexiones nos sugieren aceptar estos fenómenos como inevitables y adaptar las siglas al escaso margen que nos queda. ¿Saldremos del neoliberalismo cambiándole simplemente el nombre, o tenemos alternativas reales para que no sean las finanzas las que dicten las prioridades de cada sociedad?
El viento no sopla precisamente a favor. En Francia, el director gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Dominique Strauss-Kahn, parece tenerlo relativamente fácil para pilotar al principal partido progresista: se trata del dirigente que mejor ha gestionado mundialmente los intereses de los mercados financieros. El debate interno ha llegado, con las primarias del PSOE, a España. Los socialistas se juegan mucho más que elegir al candidato con mayor carisma o mejor posición en las encuestas. El vencedor deberá explicar a los ciudadanos que somos nosotros los que decidimos lo que nos conviene, y no unos intereses que no rinden cuentas ante nadie. En esta encrucijada ideológica debe quedar claro que la democracia no es un medio subordinado a los intereses de la libre concurrencia empresarial. No nos merecemos un Gobierno que se crea esta patraña.

Andrés Villena es economista e investigador en Ciencias Sociales por la Universidad de Málaga. Ilustración de Mikel Casal

jueves, 5 de mayo de 2011

TAL PARA CUAL




Desde que los dos de la conjunción planetaria, Obama y Zp, junto a sus colegas los dictadores del dinero y sus siervos políticos europeos, se han convertido en su caminar hacia el desprecio mundial en una nutrida banda de asesinos en la que uno aprieta el gatillo y el resto babea aplaudiendo sus asesinatos de estado.
Sabido era que los “progresistas” Obama y Zp, Zp y Obama mentían sin descanso. Que amagaban con la izquierda y golpeaban con la derecha, y que aquello de “Por el pleno empleo” y lo del “Yes, we can” solo eran cucañas a las que se subieron las legiones de ingenuos que en todos sitios hay y los batallones de “bienpagados” de cada una de esas causas en las que no cabe rebelde alguno.
Que lo del talante y el talento era otra representación teatral, el tiempo nos lo ha demostrado, y que uno y otro, el tío Tom de la cabaña blanca y el primo Tonton de la Moncloa, han acabado pareciéndose cuales gotas de agua a aquellos otros que respectivamente les precedieron y de los que decían ser el reverso luminoso.
Obama ya es hoy sin duda alguna el sosias del ridículo Goerge Bush, pero en negro y sabiendo leer, mientras que Zp se ha ido asemejando a Aznar hasta alcanzar y sobrepasar su histrionismo embustero.
Si Bush declaró la guerra al eje del mal e invadió Irak y Afganistán, provocando muerte, destrucción y miseria en cuantías superiores de la que la Corte Penal Internacional ha necesitado para imputar a Gadaffi, el actual presidente yanqui, con su guerra de Libia y la continuidad de la tampoco declarada guerra de Afganistán está acercándose, si es que no las ha sobrepasado ya, las cotas de ignominia alcanzadas por la administración Bush.
El descaro de las mentiras relacionadas con el asesinato del terrorista Bin Laden ponen de manifiesto, hasta para quienes tuvieran alguna duda, que el estado imperialista y represor que configuran hoy todos los gobiernos USA, no se detendrán ante nada, y al contrario de cuando antaño esos mismos USA eran los adalides de la libertad en su lucha contra las tiranías nazis y fascistas europeas, hoy los USA, con el beneplácito servil e indigno de los gobiernos europeos, simbolizan al poder político, económico y militar al servicio del mal, del abuso, de la mentira, de la ilegalidad y del aplastamiento de los derechos humanos en cualquier lugar del mundo.
En contra de lo que se puede leer en el reverso de su papel moneda, “In god we trust”, ese pueblo, con esos dirigentes al frente, por más que lo nieguen con sus ridículas fanfarrias de tele-predicadores, no confían en más dios que en el de la fuerza y en el del dinero.
Al tiempo, por aquí, Zp solo se diferencia de su predecesor en que si Aznar apoyaba las guerras de Bush, este apoya las de Obama, si Aznar ponía las botas encima de la mesa del rancho del yanqui, este “progre” solo pone el culo en las arrinconadas sillas que a nivel internacional le ceden de forma lastimera. Claro que es de justicia reconocer que hasta hoy, y en coincidencia con ZP, nunca Aznar llegó a justificar, entender o comprender que un estado y menos el más poderoso del mundo se hundiese en la miseria moral de utilizar los mismos métodos terroristas y de tortura que su terrorista de cabecera usó contra ellos.
No se engañen, entre los dos presidentes del otro lado del charco y entre los dos de este lado del Manzanares, no hay mas diferencias que las que los gabinetes de imagen respectivos nos han vendido. En el fondo, estos, los cuatros, son unos asesinos, los primeros asesinos efectivos, y otros, cómplices y cooperantes vergonzantes de los asesinatos masivos o individuales que entre todos comenten. Como tales pasarán a la historia.

lunes, 2 de mayo de 2011

EN EL BASURERO HUMANO



Mientras la ultraderecha nacional se lleva las manos a la cabeza al ver que los trabajadores no incendian todas las sedes del Psoe acabando por Ferraz y la Moncloa, los sindicatos dicen que hay cuatro millones novecientas diez mil doscientas razones para salir a la calle a pesar de haber sido ellos los que suscribieron todas las reformas laborales, salariales, y de pensiones que nos han llevado a este desastre social y a ellos al descredito y al rechazo total de la ciudadanía.
Al mismo tiempo en la más infame de las relaciones entre política y justicieros,-que muy otra cosa es la justicia-, se decide, por el llamado tribunal supremo, por nueve votos contra seis, la ilegalización de las listas de los ex -batasunos que, al parecer, arrepentidos y contritos dicen renunciar y condenar la violencia.
De nada sirven las consideraciones de los seis supremos magistrados que han votado a favor de mantener la posibilidad de que los ex-amigos de ETA demuestren que en verdad convierten en hechos sus palabras de hoy, por el contrario pretenden convencernos que en el alto tribunal la democracia de los números es mejor que la democracia de la razón, por lo que aplican en el llamado terreno de la justicia unas matemáticas que aplicadas a la política podrán ser respetables, pero que es forma de decidir despreciable cuando nueve razones son o pueden ser tan buenas o tan malas como las seis discrepantes. Sobre todo si tenemos en cuenta que los políticos podrían haber legislado de tal forma que la Ley permitiera apartar de las instituciones a aquellos que no cumpliesen con la palabra empeñada.
Pero es ahí donde está el “quid” de la cuestión y la razón por la cual las derechas, PP y Psoe, pasan el embolado a sus amigos los justicieros, ya que si los políticos legislasen en ese sentido, el 99% de ellos, sean “Sortueros”, “Bilduitas”, o Peperos, Psoeteros y todo el etcétera parlamentario, autonómico y municipal, estarían a las pocas semanas de su toma de posesión en las listas del paro, pues ninguno cumple lo que prometen.
Si estas indecencias, fraudes y mentiras estuviesen limitadas a este desgraciado país nuestro, estaríamos, como estamos, perplejos y jodidos, pero nos cabría el consuelo, a los que aun defendemos la honradez y la decencia política, económica social y legal, de ver como el entorno internacional, antes o después nos podría obligar o al menos inducir a retornar al respeto de los mínimos valores que, hasta no hace mucho, identificaban a las democracias occidentales. Pero ni esa esperanza cabe.
Las guerras ya ni se declaran. En ellas no se respetan las reglas que cuando había dignidad y respeto por el enemigo se cumplían. Hoy se asesina a distancia aprovechando la superioridad tecnológica y económica. Hoy se manipulan, se compran las opiniones publicadas a fin de silenciar esos asesinatos que ni tan siquiera son como ellos dicen que son, selectivos.
La legalidad internacional es, no ya papel mojado, es filosofía humillada, arrinconada y aplastada por los intereses de los poderosos. Se encarcela sin juicio previo a quien es simplemente sospechoso de crímenes reales o supuestos o por difundir las verdades que les delatarían como simples asesinos, (Guantánamo y Wikileaks), las condenas son dictadas fuera del ámbito jurisdiccional que al o a los, de antemano, designados como culpables les correspondería, sin tan siquiera haberles comunicado de qué se les acusa.
Se les aísla en prisiones ajenas a cualquier control jurisdiccional nacional o internacional. Ya no se molestan en aparentar decencia como cuando enjuiciaron en Nurenberg a los jerifaltes nazis, hoy a los más débiles de los sospechosos se les utiliza para que se tornen en agentes al servicio de sus captores en países que, repentinamente, han pasado de ser aliados a ser enemigos de la “estabilidad internacional” en una nueva forma de conseguir inocular el síndrome de Estocolmo en los antes peligrosos terroristas que hoy son aliados al servicio de los intereses petrolíferos de occidente.
Se aplaude el asesinato de un terrorista al que la comunidad internacional, la civilizada comunidad internacional, debió despojar con nocturnidad y alevosía del derecho a un juicio justo que hasta los más desalmados terroristas, y este lo era, deben tener, cuando esa misma comunidad internacional, farisaica y corrupta, dice estar en contra de la pena de muerte.
Y para finalizar estos apuntes de desesperanza, y retornando a lo próximo, aun no entiendo como todos callan el indecente baboseo de este ¿nuestro? gobierno que felicita a un premio nobel de la paz cuando este se distingue hoy por entender que la vida de cualquier ciudadano del mundo es un bien del que se puede disponer libremente en tanto que el imperio del mal, -el imperio del dinero y sus brazos armados-, no decidan lo contrario.
Se autodenominan progresistas cuando únicamente son cómplices, pequeños y rastreros cómplices de asesinos, a quienes, además, como antaño en Roma, tampoco les pagarán su traición al progreso de la decencia humana.
Así los hechos¿No nos estaremos encaminando hacia un odioso tiempo que creíamos superado?