miércoles, 9 de diciembre de 2009

EL SILENCIO DE LAS CORDERAS


No hay día en el que, por desgracia, no tengamos que avergonzarnos ante una de las muchas formas en que las mujeres son maltratadas. Del mismo modo son muchos los días en los que el silencio de algunos/as coopera a que continúe otra opresión que sufren las mujeres, esa otra opresión política y social con la que sí parecen estar de acuerdo aquellas que, desde la oficialidad de los partidos, con su silencio cómplice, otorgan.
Esa oficialidad partidaria parece haber declarado la guerra al maltrato machista, y digo parece ya que, a pesar de la propaganda ministerial, poco hacen para que la mayoría de esos casos de abuso de género dejen de existir. Muy otra situación social tendrían las mujeres si, los progresistas zapaterianos, en vez de optar por medidas paliativas y a largo plazo, optasen por imponer medidas activas que transformasen realmente la situación de la mujer en la sociedad. Si decididamente apostasen por romper definitivamente y de forma absoluta con el papel totalmente dependiente que muchas mujeres trabajadoras o no tienen respecto al hombre en cuanto a dependencia económica, con otra muy diferente consideración los potenciales maltratadotes las obsequiarían. Pero como ya he dicho en alguna otra ocasión eso son palabras mayores, que de llevarlas a cabo les romperían el esquema de supeditación general de la clase trabajadora a los poderosos del dinero a los que los zapateristas se deben.
Es por eso que hoy llama la atención, pero ninguna sorpresa ha de causar, que el griterío que las corderas progresistas practican cuando una mujer es objeto de maltrato machista, -pareciera que gritan su denuncia para acallar su fracaso-, se haya convertido en silencio clamoroso ante dos casos de opresión y maltrato político y social a mujeres.
Hoy, las corderas progresistas, las que se dicen adalides de esa igualdad de rebajas que como mucho pretende que la mujer sea igual de dependiente de los poderosos que lo son los hombres, callan ante dos casos de mujeres maltratadas, las cuales, por haber generado su situación una molestia a su gobierno, ese que se dice de la igualdad, no son merecedoras de su denuncia y menos de su apoyo, por lo que deben entender que no tienen derecho a que las voces de las que en otras ocasiones claman por la igualdad de género clamen hoy por la igualdad en el ejercicio de sus derechos.
Para los silentes rebaños de corderas progresistas, Aminatu Haidar no debe tener derecho a regresar a su casa en El Aiún con su familia y por eso callan ante la opresión tiránica del sátrapa marroquí y ante la displicente y desconcertada actitud del zapaterismo que, siendo como son, no entienden que están ante una de las pocas personas que en estos tiempos valoran más la libertad que su propia vida.
Para los silentes rebaños de corderas progresistas, el que María Luisa, “la Nena”, haya tardado nueve años en vencer al sistema para al fin lograr una pensión de viudedad a la que tiene derecho según sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, no es motivo de alegría y de vergüenza al mismo tiempo. Alegría por el final feliz y por la reparación de una injusticia, y de vergüenza porque de esos nueve años de lucha, casi seis de ellos, “la Nena” ha tenido que luchar contra ese zapaterismo que dice hacer más por los que menos tienen.
Cada vez ha de estar más claro que estas silentes corderas, junto a sus compañeros de redil, se dirigen al matadero del desprecio ciudadano.

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