jueves, 21 de abril de 2011

ESPAÑA, ESTADO PLURICONFESIONAL



Se equivocan aquellos que llevados de su militante laicismo afirman que en la Constitución se dictamina expresamente la laicidad del Estado español ya que el art. 16.3 de la misma dice exactamente qué: “Ninguna confesión tendrá carácter estatal. Los poderes publicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones”.
Y que quieren que les diga a mis colegas de descreimiento, pues que desde que se promulgó la carta magna, todos, absolutamente todos los gobiernos y desgobiernos que han sido, han cumplido escrupulosamente con el mandato constitucional en lo referido a este concreto artículo.
Que la Iglesia Católica sigue obteniendo las “consiguientes relaciones de cooperación” por parte del Estado es más que evidente, tanto, que con un solo vistazo a los presupuestos generales del estado y a la ley de acompañamiento de los mismos, en donde se establecen las aportaciones y las deducciones y exenciones fiscales se puede comprobar cómo se llevan a cabo y se desembolsan las mas que “consiguientes y convenientes relaciones de cooperación” que entre estos dos entes se pueden dar, y que por si fuera poco a los ojos de alguna sotana, con salir hoy a la calle de cualquier pueblo o ciudad española se puede comprobar cómo la cooperación del Estado con la Iglesia Católica llega al extremo de permitir que esta ocupe, día y noche, calles y callejones que, por una semana, dejan de ser propiedad de Fraga.
La segunda parte del citado artículo constitucional, y haciendo reserva de lo que expertos constitucionalistas, católicos por supuesto, pudieran argüir, también se cumple con la que sabemos que es la segunda religión, si no la primera de este Estado, el Futbol.
Ayer fue en Madrid, pero pudo haber sido en Barcelona, donde se demostró que “las consiguientes relaciones de cooperación con las demás confesiones” se practican con igual, si no superior entrega por parte de las muy constitucionalistas autoridades municipales, ya que todo el dispendio de gasto publico efectuado anoche, (¿gasto publico con nocturnidad?), en la plaza de Cibeles madrileña ha sido, y, si hubiera suerte en el futuro, seguirá siendo sufragado por las exangües arcas municipales madrileñas, -es decir por creyentes y no creyentes de esta otra religión-, que además de haber soportado años atrás los costes de la catedral de Rouco, catedral que nada casualmente está frente por frente con el Palacio de Oriente, (de nuevo Iglesia y Monarquía juntos), soportan los gastos inducidos por los triunfos de los “clérigos” de las otras dos catedrales, el Bernabeu y el Calderón.
Por ello, amigos en la razón, o cambiamos la Constitución o nos hacemos del Madrid o del Atleti, opciones algo menos malas que la otra, os lo juro, porque descreídos como somos, poco futuro tienen nuestras relaciones de cooperación con el Estado.

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