jueves, 19 de mayo de 2011

PESIMISMO ILUSIONADO



Ya, ya sé que son términos poco o nada compatibles pero dejen que me explique.
Lo de Sol es nuevo, brillante, joven e ilusionante. Puede que llegue a ser firme, profundo, hábil, inteligente, duradero, flexible y hasta determinante para el futuro de la democracia en España, pero hoy por hoy, es, y no es poco, solo la conjunción de sentimientos de rechazo sin articulación política alguna.
Muchos de los allí congregados, y entre ellos ya he pasado muchas horas, saben individualmente lo que quieren, pero ni de forma individual, ni menos aun de forma colectiva saben o expresan como llevar adelante las reformas, transformaciones o “revoluciones” que sienten como necesarias.
Hablan y reivindican el ejercicio derechos constitucionales inaccesibles para el común de los ciudadanos y al tiempo no se pronuncian sobre la permanencia o no de la Constitución. Hablan y reivindican justicia, igualdad y Estado al servicio de las personas y al tiempo se dicen apolíticos, o peor aún, sin ideología.
Hoy, en un paso adelante que, casualmente, coincide con la reivindicación de una fuerza política determinada, se han planteado como primera meta a alcanzar la elaboración de una nueva ley electoral que iguale el valor del voto de los todos ciudadanos, independientemente de la circunscripción en la que se vote. Y ahí se han detenido.
Puede que no sea momento procesal oportuno para decidir la forma legal mediante la cual dar respuestas y proponer soluciones tan reales como la democracia real que demandan.Quizas no sea conveniente explicitar cómo dar solución a los problemas nos afectan y que estamos denunciando, cómo aplicar esas soluciones, pero la ciudadanía que hoy les respalda, que hoy los contempla con simpatía, antes o después les reclamará soluciones concretas a problemas concretos.
¿O es que dejarán que los actuales partidos políticos, los que han provocado junto a sus amos los banqueros el desastre social que padecemos, sean los que apliquen las recetas contrarias a las que vienen aplicándonos?
Me hablaba ayer una exultante joven de treinta y dos años sobre la experiencia que decía poseer respecto a lo sucedido en mayo del 68, estableciendo un paralelismo entre aquella fracasada intentona de revolución social y este, por ahora, incipiente conato de contestación juvenil. No sabía mi interlocutora quién era, quien es, Daniel Cohn- Bendit, menos aun sabía sobre su devenir desde la acracia a su actual situación de orondo europarlamentario verde. Sobre los planteamientos ideológicos y la estructura política que los estudiantes de la Sorbonne mantenían en aquella Francia de De Gaulle, nada de nada, pero eso sí, ella se sentía al cabo de la calle ya que sobre esto de las revoluciones utópicas, y por utópicas fracasadas, sus padres le habían dado un acelerado curso durante dos cenas familiares.
Ya ven Vds., pesimista por el rechazo que he percibido hacia la necesidad de encauzar políticamente, por supuesto que lejos de los partidos actuales, esta vivificante e ilusionante respuesta que los jóvenes españoles están dando a todos aquellos que afirmaban que la juventud estaba muerta o esclava del dinero. Pero ilusionado porque hoy, estos jóvenes están plantando cara a la derecha de siempre, a esa que hasta el domingo les reclamaba que saliesen a la calle en contra de Zp y hoy les exige que se vayan de Sol, y a la otra derecha, la que hoy habita Ferraz y la Moncloa, a ambas les están diciendo que no les representan y que en un acertado y sintético eslogan, para ellos, para nosotros,….”PSOE y PP, la misma mierda es”.
Con esto y con la nada sorprendente reacción de los instalados en el poder político, miedo y oportunismo a partes iguales, cabe albergar la esperanza de que haya comenzado otra transición que acabe arrasando la corrupción mental y económica de la política y de los políticos españoles. Cabe desear, y por ello apoyar, que haya nacido el antídoto contra el veneno del dinero. Que de este germen de ética colectiva surja en todo su esplendor el valor de la solidaridad, esa solidaridad que necesita del Estado como estructura que ponga al servicio de la sociedad y no al servicio de las sociedades mercantiles todas las potencialidades que una nación como la nuestra es capaz de generar.
Ojala y mi pesimismo sea derrotado por la fuerza y el acierto de quienes deben ser los constructores de su propio futuro, los jóvenes no alienados por cualquiera de los poderes que han corrompido la democracia española.

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